Me atraganté con la cerveza cuando me lo pidió en un bar. Pensé que bromeaba y me reí. Me reí mucho, a carcajada limpia hasta el punto de quedarme sin respiración. Me reí como una foca en el ártico hasta que el bar empezó a mirarme como si necesitara un psiquiatra porque se me había desencajado la mandíbula. Así…

Hasta que lo vi levantarme la puta ceja y ponerse serio.

¡HOSTIA COÑO! Que me lo decía de verdad. Así que me volví a atragantar pero en plan: Tierra trágame y escúpeme en el maldito polo Norte, o en Júpiter, que está más lejos.

Luis es el típico hombre apuesto que llama la atención. Se cuida, va a correr, tiene moto, tiene un trabajo decente y… Está soltero. En esa ecuación sólo me encajaba una palabra: Casanova, o mujeriego. El típico hombre que no se compromete y las tiene a todas quitándose las bragas y tirándoselas a la cara, bueno… Tanto no. Pero me entendéis.

Luis y yo somos muy buenos amigos desde hace muchos años, y tenemos un grupo de amigos en común con los que hacemos cosas, yo soy la pequeña del grupo con 35, él el mayor. Siempre me he llevado mejor con Luis que con el resto. No es como si tonteáramos ni nada, pero reconozco que me alegraba la vista verlo vestido con camisa blanca o verlo en bañador en las barbacoas.

Tenía reputación de Don Juan, y claro, sabiendo eso entenderéis porque me reí cuando me soltó semejante perla. Pensé que me tomaba el puto pelo. Pero no… este era un caso claro de coge fama y échate a dormir.

Y tras la sorpresa inicial me confesó que sí, que había follado un par de veces sólo. Pero que era tímido y que cuantos más años pasaban más difícil se le hacía ligar con nadie y follar. Y claro, parece ser que en lugar de llevarle la contraria a sus amigos y a la gente, prefirió dejar que lo creyeran en lugar de confesar que no follaba. Debe ser una porquería de esas de ego masculino. Personalmente creo que eso es muy de hombre unga-unga. Tener que mentir para que piensen que eres un semental en lugar de admitir que sólo has follado dos veces en tu vida. Pero no iba juzgarlo. Yo he hecho cosas peores.

No os voy a mentir, lo primero que pensé es que lo decía para poder mojar el churro. La típica excusa que pondría cualquier tío para follar. Pero si era así, la verdad es que la excusa para meterse en mis bragas era mala de cojones. Y de él que no se había insinuado ni una vez pues como que se me hacia raro.

Así que después de explicarme un par de cosas, decidí que lo que me contaba encajaba. Se me hacia raro. Sí. De cojones además. Pero sumé dos más dos… y coño que parecía verdad lo que me decía. Así que después de creerlo me volvió a preguntar. A ver… no me entendáis mal, si se me hubiera puesto por delante la oportunidad de follármelo o se hubiera insinuado, le hubiera entrado al trapo. Estoy soltera y él es comestible. Pero una cosa era eso y otra que me pidiera que le follara para enseñarle.

Ponerme a enseñarle a un hombre de 45 años parecía el argumento de una peli porno. Así que lo consulté con la almohada… y con mí mejor amiga. Ella no parecía tener tantas dudas por lo visto. Ella sólo veía ventajas. Me llevaba un polvo de un tío que ella consideraba cañón y además le enseñaría a mi gusto. Mejor imposible.

Le dije que sí. A ver… tengo follado con chicos que apenas conocía en sitios extraños y me arrepentido de polvos de tíos a los que conocía. Incluyendo la mayoría de los de mi ex. Así que… ¿Por qué no decirle que sí a Luis?

Le mandé un whatsapp ese mismo día con un emoticono de un pulgar arriba y lo siguiente que le pregunté es si lo hacíamos en mi casa o en la suya.

Quedamos en su casa, y sinceramente pensé que sería un puto desastre y una mala idea, que estaría nerviosa o incómoda. Pero no. Total, no es como si nunca me hubiera liado con ninguno de mis amigos o amigas un día de fiesta. ¡Pero el que estaba como un flan era él! ¡Virgen de la papaya! Que de verdad que se le veía más perdido que un pulpo en un garaje. No sabía dónde meterse, estaba rojo hasta las orejas.

Nunca me había tenido que ver en la necesidad de explicarle a nadie como comerme el higo, así os lo digo. Ni como chupar un pezón. O de explicarle la técnica del Spider-man. Entre otras muchas cosas. Y salvo a mis primeros novios, no recordaba la última vez que había oído a un hombre flipar asombrado de lo que podía hacer una lengua en según qué sitios.

No dijo que no a nada. Juegos, tonteos, posturas… No se quejó en ningún momento y os diré una cosa, es cierto que de verdad se veía que tenía poca práctica y que estaba cohibido. Pero para haber follado dos veces en su vida, lo he visto aguantar más que algunos chavales de veinte que se jactan de follar como actores porno. Además, descubrí, algo sobre mí. Por lo visto que me pregunten si lo están haciendo bien, y me susurren como lo quiero al oído, me pone más caliente que un horno de pizzas.

La moraleja de esto es que realmente fue divertido. Y os digo una cosa, el cabrón aprendía rápido. Una vez que me pilló el punto un par de polvos después… ¡Joder! Tenía aguante, parecía que había descubierto el planeta del Tesoro.

Al final resultó ser un buen alumno.

De hecho me ofrecí varias veces más a enseñarle cosas…

Sólo por repasar conceptos (guiño guiño)