Diferentes estrategias de m(p)adres para dormir a sus retoños

 

Soy madre de una niña aDOSlescente. Sí, que tiene dos años y se comporta como una quinceañera, aunque afortunadamente sin las hormonas revolucionadas. Es una niña que, si bien tiene sus rutinas, aún no hemos llevado a ningún centro infantil. Cada tarde mi pareja y yo intentamos organizarnos para que vaya a jugar con otros niños al parque o a casa de sus primos, pero parece ser insuficiente. No se cansa ni llevándola a caminar los kilómetros correspondientes a una maratón, así que nos cuesta muchísimo que se vaya a dormir. Vamos, que son las 2 de la mañana y sigue cantando la banda sonora de Frozen en su cama. 

Consulté este problema en el grupo de madres que tengo en WhatsApp, que es tan eficaz como Google. Aprender quizá no aprendí mucho, pero sí que conocí cómo cada familia tiene su estrategia a la hora de dormir a los retoños. ¡Analizamos!

La de la biblioteca de cuentos

Tiene muchísimos libros. Demasiados. Cada noche se recuesta con su hijo/a y le cuenta con paciencia uno de los cuentos que guarda en su extensa biblioteca. Interpreta incluso los personajes que protagonizan la historia. Disfruta del momento, es SU momento.

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La que improvisa con la última película que ha visto

No se vuelve loca. Rememora la última peli o capítulo de serie que vio y lo adapta formato cuento. También le sirven anécdotas del día, ya sea del curro o del supermercado. 

La ‘triunfita’ frustrada que todo lo canta

Es un disco. Retiene en su memoria una playlist completa de Spotify. Lo mismo canta Duérmete niño, que Tacones rojos de Sebastian Yatra. La excusa es mandar al crío/a a dormir, ella lo que quiere es sacar a flote su talento desperdiciado. 

La que grita: “Duérmete ya, coño. Joder”

Impaciente como ella sola. Pasa de cuentos, canciones y rollos. Lleva meses perdiendo los estribos a la hora de dormir, cuando su criatura parece no estar cansada mientras ella tiene ganas de tirarse en plancha en la cama. “Ya se cansará”, “No vayas”, son algunas de las mil y una frases que repite cada noche antes de dar el último grito: “¡Duérmete ya, joder!”. 

La familia de euritos 

Antes de acostarse, dan al play a alguna obra de la música clásica. Las partituras de Mozart, Beethoven o Vivaldi son algunas de las que resuenan en la habitación de estos niños/as, ya que -según sus padres y la newsletter de Investigación y Ciencia a la que están suscritos- “mejora la actividad de los genes implicados en la secreción y transporte de dopamina, la neurotransmisión sináptica, el aprendizaje y la memoria, y baja la expresión de genes que median la neurodegeneración”. Pos vale [sic].

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La de la rutina estricta 

Misma luz, mismo aroma, masaje, técnica de relajación peluches de apego… Todo siempre igual, a la misma hora, sin cambiar ni un ápice de su escenario idóneo para conciliar el sueño. Una de mis amigas, practicante de esta técnica, además incluye el método Oompa Loompa en sus niños más pequeños. 

La del ruido blanco

Con la lavadora, la secadora, el secador del pelo, la campana del horno… ¡Hasta un vídeo de YouTube con ondas! El ruido blanco es su máximo aliado para dormir a su descendencia. 

La del móvil 

Cámbiese móvil por tableta, televisor o cualquier pantalla. Esta familia, ya rendida, cede. Saben que está mal, pero… “Ya se dormirá”, repiten. Y ahí lo dejan, enganchado/a un capítulo de La Patrulla Canina

 

¿Y tú? ¿Qué estrategia tienes para dormir a tus retoños? ¡Comparte tu secreto, por favor! Y es que, mucho rollo, pero al final mi hija sigue teniendo horario de streamer de Twitch. 

 

Anónimo