Resulta que hay relación entre la personalidad y las elecciones alimentarias que hacemos. Se ha escrito mucho últimamente sobre las cinco principales características de la personalidad y la relación con la dieta, así que hay conclusiones curiosas.
Me ha llamado la atención porque, con personas de mi círculo, el patrón se cumple. Lo repaso.
1. ¿Menos carne?: eres una persona abierta
Al parecer, las personas que tienen un alto nivel de apertura y amabilidad, además de no ser muy extrovertidas, consumen menos carnes. La gente vegana puntúa mucho más alto en amabilidad que las personas omnívoras. Sí. Esos que a ti te parecen meros modernos, dictadores de la conciencia o seres que se creen moralmente superiores son más empáticos que tú.
La verdad es que no me había planteado esto, pero ahora, pensándolo, en mi entorno sí que se cumple. Tengo algunas amigas vegetarianas, y todas ellas tienen algo en común: están involucradas en una o varias causas sociales, se indignan por encima de la media hasta con la situación injusta más “normalizada” y son muy proclives a hacer autocrítica y revisar sus actitudes.

2. ¿Más carne?: eres un patán
Las personas que puntúan más bajo en amabilidad consumen más carne. Dicen tener más barreras para consumir vegetales, desde mayor apego a la carne a una conciencia ambiental baja o nula.
Es decir, hay gente poco amable o con bajos niveles de compasión que comen más carne. Incluso se han comparado sus hábitos de alimentación con los de vegetarianos y se ha encontrado una asociación mayor del consumo de carne con el deseo de dominio y el egocentrismo, incluso con el maquiavelismo, el narcicismo y la psicopatía.
Aquí también podría poner infinitos ejemplos, pero el prototipo idóneo es mi cuñado. ¿El típico perfil “yo no soy machista/racista/‘homófogo’, pero…?”, ese es el suyo. Sus actitudes en la mesa dejan mucho que desear. Porque no solo se jacta de pedir el solomillo o el costillar más grande que haya en la carta, sino que, además, invalida elecciones continuamente. Se reirá de ti si te pides una ensalada, tenlo claro.

Los “machos” y la carne
Las afirmaciones anteriores te podrán parecer locas o dignas de poco crédito, pero tiene sentido pensar que los rasgos de nuestra personalidad influyen en nuestros hábitos. Además, no es la primera vez que esto se estudia, y otros resultados también son llamativos.
Desde la sostenibilidad y la nutrición aconsejan continuamente reducir el consumo de carne, pero enseguida los heterobásicos se echan las manos a la cabeza. En momentos en los que alguna autoridad pública lo recuerda, los muy machos plantan sus chuletones en la mesa e inundan las redes con sus cochinillos, cabritos o barbacoas grotescamente carnívoras de fin de semana.
Esto está vinculado a los roles de género desde los tiempos de la caza de supervivencia, pasando por episodios históricos de guerra o escasez. En ellos, los hombres acomodados eran merecedores de raciones mayores de carnes que las mujeres u hombres pobres.
Los heterobásicos se sienten con más derecho a comer carne y, además, asocian su consumo con características muy masculinas: fuerza, poder y virilidad. Denigran a vegetarianos y veganos, a los que llaman “soy boys” (chicos de la soja), y los consideran poco masculinos. Así que sí, son patanes.
Tendríamos que hacerle un favor a la naturaleza y que cada cual se pregunte si su consumo de carne es alto, medio o bajo, si es necesaria tal cantidad y si, de serlo, es por necesidad nutricional, por gusto o por orgullo, que a ti nadie te dice lo que tienes que comer.
Esse