Mi hijo nació un 25 de diciembre, fun, fun, fun. Supongo que si hubiera podido elegir cuándo nacería, habría elegido primavera. Pero, claro, en mi caso quedarme embarazada fue difícil y no me iba a poner exquisita con las fechas.
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No os mentiré: siempre tuve la esperanza de que se retrasara una semanilla y que fuera de enero. Sin embargo, llegó el día de Navidad.
Primer drama: su cumpleaños es el día de Navidad y en mi casa no sabemos si celebramos el nacimiento de Jesús, la llegada de Papá Noel o que es el cumpleaños de mi Martín. El pobre no tiene “su día” propiamente dicho.
Es el pequeño de la clase y, claro, eso se nota. Se lleva doce meses con sus compañeros de enero y eso, física y mentalmente, es un año de diferencia. Precisamente por eso, a mi hijo le cuesta llegar a conceptos que otros de sus compañeros cogen antes. Así que a sus centrimetillos de menos hay que sumarles clases de refuerzo para rezagados de fin de año. Un rollo, sobre todo porque el niño asume que es el más pequeño de su clase y le genera cierto sentimiento de inferioridad. Mientras sus compis están empezando a leer, mi hijo se ha quedado en el abecedario.
Otro de los dramas de diciembre es cuándo celebrar el cumpleaños. El niño es pequeño todavía y tiene un jaleo mental. Hacemos el cumpleaños con sus amigos antes de que acabe el cole para que puedan venir si están fuera durante las vacaciones. Lo celebramos antes de las fiestas, pero no deja de ser un mes malo para quedadas y muchos niños no pueden venir porque tienen actuaciones de fin de curso de las extraescolares, van de excursiones programadas a ver las luces de no sé dónde, tienen talleres navideños del ayuntamiento… Y es una pena. Eso sí, en vez de tarta ponemos un roscón y, en lugar de chuches, mazapanes.
Los regalos… Es imposible que un niño reciba tantos regalos en un mes y luego pase un año sin ellos… Como he comentado, es todavía pequeño, así que suelo guardar cosillas y luego se las saco a lo largo de los siguientes meses. Lo que me ahorro en juguetes a lo largo del año…
Ya os digo, poca gente cae en que, en los cumpleaños de diciembre, sobre todo los que caen en fechas navideñas, se pierde un poco esa parte especial porque ya las fechas en sí, lo son. En nuestra casa hemos intentado que el día de Navidad y el cumple de nuestro hijo se conjuguen: hay globos, árbol, velas, belén, cumpleaños feliz, villancicos y muchas, muchas ganas de celebrar. Y aprovechamos el roscón para todo: la corona es de cumpleañero, nos sirve de tarta y las velas tienen forma de reno.
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