Hace unos años ya de esto, creo que yo todavía estaba soltera y sin compromiso, pero nos seguimos riendo igual que el primer día. Aunque, siendo alarmista, podría haber sido mucho peor.
Había quedado a tomar algo con mi amiga Ainhoa. Es, la que yo llamo mi amiga cachonda. Aquella amiga con la que el 99% de las conversaciones derivan en alguna cosa guarra. Las cuenta con toda la naturalidad del mundo, aunque a veces, como imagino que pasa con mucha otra gente, las cuenta a su manera, usando nuestro propio idioma o nuestras propias formas que hemos cogido tras muchos años juntas. Y para uno de fuera las cosas a veces se pueden malinterpretar.
El caso es que, ese día habíamos quedado a comer para investigar un nuevo restaurante que habían abierto en la ciudad, y de paso para ponernos al día de nuestras últimas aventuras. Ella estaba por casarse, y yo vivo fuera, así que no habíamos tenido muchas ocasiones últimamente para quedar las dos solas. Por suerte, su novio estaba de viaje en esta ocasión así que, por primera vez en meses, éramos las dos solas. Y en seguida entramos en terrenos calientes.
Estuvimos hablando un rato del artista marichulo que estaba casado durante un buen rato, y pasamos a hablar de lo duro que era que su novio estuviera ahora toda la semana fuera. Estaba la mujer más caliente que el pico de una plancha, palabras textuales suyas. Siempre ha sido muy activa sexualmente, y era la primera vez que estaban separados tanto tiempo, así que decir que lo llevaba mal era quedarse corto.

Por el momento, se estaba apoyando con el compañero de piso de su novio. No era lo mismo, pero nunca le había fallado en lo que a placer se refiere. De hecho, en ocasiones era incluso mejor, tenía más aguante y nunca se quejaba cuando ella pedía sus más oscuras fantasías. Se explayó un poco con los detalles, nos reímos un rato y ahí quedó todo.
Pero a los días, cuando su novio ya estaba de vuelta en casa, recibió un anónimo en el buzón. Así, como en las películas. Con letras de revista recortadas. “TU NOVIA TE ENGAÑA CON TU COMPAÑERO DE PISO”. Tuvieron una larga conversación después de aquello. Confiaban el uno en el otro, nunca habían hecho nada que les diera lugar a dudas o errores. Y lo mejor de todo, no tenía compañero de piso. Alguien que les había gastado una broma de mal gusto. Pero a los pocos días, volvieron a dejar otra nota. Y otra más unos días más tarde.

Por mucha confianza que tuvieran, el novio no podía si no sentir una pequeña punzada de duda. Lo intentaba disimular, sabia que aquello no tenia ni pies ni cabeza, pero Ainhoa lo notaba. A los días, hablando conmigo, conseguimos unir las piezas en nuestra cabeza y explicar el misterio. Y nos echamos a reír que casi nos caemos de la silla.
Como os he dicho, solemos usar nuestras propias expresiones. Y de pronto caímos, casi a la vez, en la conversación del bar de la semana anterior. “De momento me estoy apañando con su compañero de piso”. compañero de piso. compañero de piso es como siempre había llamado ella a su amigo de plástico. A su misil privado. A su consolador.
Y alguien, nunca descubrimos quien, había oído una conversación a medias, la había interpretado a su manera, y había decidido avisar al novio. Suponemos que tendría que ser alguien conocido, por eso de que se supieran la dirección. Y porque después de que aclararan todo, y lo contaran como anécdota entre los amigos, nunca volvieron a recibir nada más.
Todo esto se habría podido ahorrar si la gente no se dedicara a espiar conversaciones ajenas, pero no pasó nada grave, y todavía nos reímos cada vez que lo recordamos.
Andrea M.