Conozco a Laura desde hace aproximadamente tres años. Nos conocimos en las clases que se dan de preparación al parto y conectamos desde el minuto uno, es de esas relaciones en las que te entiendes sin necesidad de palabras y encontrar eso en la edad adulta es como encontrar un tesoro. Durante estos tres años hemos compartido tanto risas como lágrimas, y hemos sido testigos de los altibajos que ambas hemos atravesado.
Primero fuimos nosotras y luego, nuestros maridos también se hicieron amigos, así que no era rara la ocasión en la que ambas familias compartiéramos planes, quedadas, salidas y momentos. Todo era perfecto, sin embargo, en los últimos meses, he notado que algo ha cambiado.
Al principio, fueron pequeñas señales, detalles sutiles que quizás me pasaron desapercibidos. Laura siempre me había dicho que Raúl, su marido, siempre había sido muy celoso y en alguna ocasión incluso me comentó alguna bronca que le montaba por cualquier cosa como que otro chico la mirara o que ella hablara con otro, pero que con el tiempo y, sobre todo, desde que habían tenido a Nico, parecía que todo se había ido relajando y Raúl había ido desterrando todas esas actitudes.
Pero estos últimos meses, como decía, noté algo rara a Laura, me di cuenta de que esquivaba algunos temas que tenían que ver con Raúl y que no entraba en tantos detalles al contarme las cosas, como antes. Pensé que quizás estaban atravesando un bache y no quise ahondar más, pero me empecé a preocupar, sobre todo cuando me di cuenta de que ella empezaba a distanciarse de mí, tardaba en contestar a mis mensajes y las citas que antes organizábamos con tanta frecuencia empezaron a ser canceladas con excusas.
Comencé a darme cuenta de que Laura ya no tomaba decisiones por sí misma. Todo parecía depender de lo que Raúl pensara o dijera. Si decíamos de hacer algún plan o una idea, siempre lo consultaba con él, como si necesitara su aprobación para cualquier cosa, por más pequeña que fuera, lo que hasta entonces nunca había pasado. Y lo que más me preocupaba era que Raúl no solo influenciaba sus decisiones, sino también su forma de pensar, de vestir, de comportarse. Incluso en alguna ocasión fuimos testigos de cómo Raúl ridiculizaba que ella quisiera vestir algo más sexy o que criticara que se pusiera una u otra camiseta.
Hace un par de semanas le dije a Laura de ir a tomar un café a un sitio que conocemos perfectamente ya que somos bastantes asiduas y tenemos confianza con el dueño, para así poder hablar tranquilamente y estar un poco a nuestra bola, pero ella me dijo que prefería no ir. Al principio, me pareció extraño, ya que ese sitio siempre había sido uno de sus favoritos. Pero lo que más me llamó la atención fue su justificación cuando le insistí en ir: «Es que Raúl no quiere que vaya sola. Dice que el dueño es un baboso que no para de mirarme”. En ese momento me quedé totalmente cortada y no supe qué decir, pero fue cuando me di cuenta de que no había ya marcha atrás.
Me sentí herida y también muy triste y fui consciente de que difícilmente podría todo volver a ser como antes entre nosotras.
Después de eso, he intentado hablar con Laura en varias ocasiones, pero es bastante complicado. Es un tema que no quiero hablar por WhatsApp o por teléfono y parece que nunca puede quedar conmigo y, cuando lo hace, viene con Raúl o él aparece de repente.
La última vez que nos vimos, antes de que él llegase, le comenté que estaba muy preocupada por ella y cómo me sentía al verla tan distante y cómo su marido parecía ser la causa de ese alejamiento. Pero no hubo manera, cada vez que tocaba el tema, ella se ponía defensiva, le justificaba todo el tiempo y terminaba desviando la conversación. Se veía que estaba atrapada en una situación de control emocional, en una dinámica que no podía reconocer como tóxica porque estaba demasiado inmersa en ella.
Lo que más me duele es que no sé cómo ayudarla. Veo cómo su vida se va transformando en algo que no es lo que conocí, que no quiero para ella y que sé que ella tampoco querría. El control de su marido está acabando con nuestra amistad, y me siento impotente, como si no pudiera hacer nada para evitarlo. La conozco lo suficiente como para saber que ella tiene la fortaleza para liberarse de esta situación, pero también sé que necesitará un tiempo y, sobre todo, una gran cantidad de apoyo para reconocer lo que está viviendo.
Lo único que sé que puedo hacer ahora es esperar. Esperar a que, en algún momento, Laura se dé cuenta de lo que está sucediendo y quiera recuperar lo que hemos tenido. Mientras tanto, seguiré aquí, dispuesta a escucharla y apoyarla en todo lo que necesite, con la esperanza de que algún día vuelva a ser la que yo conocí.
Escrito por Angie Rigo basado en una historia real
