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Lifestyle

El día en el que todos los desconocidos deciden llamarte ‘señora’

Es una verdad universalmente conocida que la primera vez que un niño te llama «señora», asientes, sonríes como una idiota y empiezas a buscar con la mirada a la madre que parió a semejante criaturita. Pero cuando ese «señora» viene de todos los cajeros, dependientes y gente random en general con la que te topas en tu día a día… ¡Ay, amiga, la cosa cambia y no para bien precisamente! 

Que el tiempo pasa no es algo que necesite que me vayan recordando en cada sitio al que voy. Cada día me cuesta más seguir las modas. Yo, que era la más cool de mis amigas usando siglas como IG y LOL(azo) en cada mensaje de MSN Messenger que mandaba o sabiéndome de memoria todas las canciones de Avril Lavigne. Y ahora estoy relegada a preguntarle a mis hermanos pequeños (y por más pena que dé) me cito textualmente: “¿Qué es lo último en vuestro mundillo de modernos”

¿Sabíais que el insulto máximo entre los niños sureños es llamar a alguien “mitazo”? No, en serio, que alguien con menos de 20 años me explique por qué ser un mito muy grande es malo.  Porque a mí, la lógica de señora carca me dice justo lo contrario. Es que no lo entiendo, de verdad. Ahorradme todo este sufrimiento, por favor, y bajadme de este mundo, aunque sea de una patada en el culo. 

Cada vez que alguien del trabajo me dice que esos 5 euros que le debo se los pase con un bizum, me imagino como mi señora abuela, mirándole con cara de no saber de qué cojones me está hablando y mirando mi teléfono móvil como si entrañara todos los secretos del pasado, presente y futuro.

Aunque claro, nada de esto me afectaría tanto si el otro día no hubiera ido a mi Primor de toda la vida (en serio, resto de España, ¿cómo habéis podido vivir sin Primor hasta hace pocos años?) a por una nueva crema hidratante para mi estupenda cara y hubiera experimentado lo que llamaríamos una experiencia religiosa. Mejor os recreo como fue: 

Yo: Hola :) Quería probar una nueva crema hidratante con base de agua y muy ligera, que no me dé grasa. 

Dependienta: Ah, pues mira, tenemos esta marca coreana que va genial y encima es anti-aging, que te va a venir de fábula. 

¡Espera! What?

Yo (con sonrisilla tirante): Bueno, tampoco es que me haga falta, ¿no? 

Entendedme. Sí, he cogido varios kilos, pero cada vez que veo que mis antiguas compañeras de clase tienen arruguitas y yo aún no tengo ni una, pues me invade un qué sé yo que hace que me que quiera besar a mí misma incluso con lengua, por estupenda. 

Dependienta (y sí, con jodida cara de pena): Cariño, empieza a echártela, porque ya vas tarde. 

Y así salí yo de la tienda, con mi orgullo herido, un bote de crema coreana anti-aging y 30 eurazos menos en mi cuenta corriente. Y es que queridas, como bien decía mi amiga Marta cada vez que podía, “señora se nace, no se hace”. La única diferencia es que ahora incluso los desconocidos se dan cuenta de que lo eres.

 

Leara Martell

@learamartell

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