Todas conocemos a ese que va de chico bueno y presume que él te quiere para algo serio mientras que los demás no te respetan. En el curro, hace ya años, tuvimos a uno así, le gustaba una compañera, llamémosla Mercedes y rara era la vez que no los veías juntos. Si ella salía al descanso, él, a quien llamaremos Alfonso, salía detrás, pidió cambio de coordinador para estar en su mismo grupo y sentarse a su lado y siempre estaba tirándole puntaditas de lo mucho que le gustaba, que tenían que salir… a ella le caía simpático y poco más, le dejó claro que compañeros y punto, ni “como amigos”, compañeros y ya está. Eso de quedar fuera del curro, no. Como él era un “chicobueno.tm” no entendía cómo ella no podía querer compartir su animada compañía que se reducía a hablar de lo que había visto ayer en la tele, de modo que, como a las claras de “no vamos a quedar como amigos” no parecía entender, Mercedes no dejaba de darle excusas, que las compañeras ya hacíamos la coña de regalarle un fichero por el Amigo Invisible, para que las anotase allí y siempre las tuviese a mano. 

Llegó un momento en que me pedía a mí que saliese con ella al descanso porque ya no soportaba que se le pegase como una lapa y el tío no cogía ni indirectas, ni directas, ni andanadas. Se le había metido en la cabeza que ella tenía que ser para él y de allí no le sacabas. 

Mercedes empezó a interesarse por otro compañero, Ricardo que, todo hay que decirlo, era bastante guapo y tenía más conversación, mientras que Alfonso era más bien tipo acelga, cero personalidad y bastante soso. Cuando Alfonso vio que “su” Mercedes le tiraba los trastos a otro, entró en pánico y su reacción fue la consabida: “¡pero él no te respeta! ¡Siempre igual, me dais de lado porque soy bueno, sólo os gustan los cabrones, está visto que uno tiene que ser malo y pasar de vosotras, porque si os trata bien no queréis nada, qué desgraciadito soy, pobre de mí, soy una pobre alma de culebrón venezolano…!”

Un viernes, Alfonso le propuso a Mercedes ir a comer juntos, salíamos a las tres y se podía comer en el centro comercial que teníamos muy cerca. Mercedes le dijo que lo sentía, pero que ya había quedado con Ricardo. Pues le soltó que no había problema, que se apuntaba, que podían ir los tres. Mercedes no supo si reír o qué. Traté de salir al quite diciendo a Alfonso que podía venirse con los demás del grupo que también íbamos a comer, que íbamos a probar un asiático que habían abierto nuevo. Mi idea era sacárselo de encima a Mercedes, pero como la pobre ya estaba hasta las narices, intentó una vez más dejárselo claro: “A ver si lo entiendes: quedamos en plan pareja, es una cita, no queremos que venga nadie más, estamos saliendo, ¿lo entiendes ya?”. Pues se ofendió y todo, el tío. 

A la salida nos fuimos los del grupo, que seríamos cuatro o cinco más el citado Alfonso, a comer. Este no dejaba de gruñir y poner verde a Mercedes, y tanto a mí como a la otra chica del grupo nos estaba ya poniendo de los nervios con sus alusiones y su actitud de mártir. Que si las mujeres no saben valorar, que si sólo quieren a cabrones y luego se quejan de que las maltratan, que si a Mercedes le estaría bien empleado cuando Ricardo la usase para un colchonazo y ya, que ese no la respetaba, que sólo quería sexo. 

“¿No se te ha ocurrido pensar que a lo mejor Mercedes también quiere sólo sexo y ya?” le dije. Me miró como si fuera idiota y soltó la perla: “Qué razón tiene mi padre. Las mujeres sois como las gallinas, que os tiran maíz y os vais a picar la mierda”. 

“¿Y eso lo decía por tu madre, o por la suya?” No me aguanté. Quizá hice mal al soltarle aquello, sé que se ofendió y lo hice con intención de callarle la boca, lo reconozco. Pero ya me tenía hasta el gorro. Los compañeros se rieron y él se cogió el mosqueo, dijo que se piraba a su casa y no quiso comer con nosotros. Seré sincera: no le echamos de menos. Cuando el lunes se lo conté a Mercedes, se partía de risa y según ella, yo no debía sentirme mal por haberle dado la contestación que merecía. Sea como fuere, el caso es que no volvió a irle detrás a mi compañera, y eso que salió ganando. 

 

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