Mi pareja, amor y compañero de vida. Aquella noche llegué del trabajo con un poco de energía restante, lo cual es bastante extraño. No suele pasar. Entonces quise aprovechar la eventualidad y hacer algo de ejercicio.
Le pedí que me acompañara pues es algo que solemos hacer juntos, correr un rato por las noches o fines de semana. Por lo general decía que si. Ese día me dijo que no. Los días pasados no noté nada extraño. No hubo señales ni advertencias. Pero esa noche, yo insistí mucho en que me acompañara, y él insistió mucho en no hacerlo. Me tardé más que de costumbre, quizás estuve fuera por dos horas, o por hora y media. Al volver de nuevo no noté nada extraño, él estaba dormido y yo sudada por lo que me fui directo al baño por una ducha. Al entrar en la cama con él si que note algo extraño. Todo estaba mal. Su teléfono estaba encendido, reproduciendo un vídeo, con la pantalla hacia abajo. Sabía que había un video en curso porque se escuchaba algo de movimiento. Pero nada obvio. No eran voces ni nada por el estilo. Solo se escuchaba “algo”.
Mientras giraba el teléfono pensé que era solo porno. Corriente y normal pornografía. ¿Todos los hombres la ven no? Yo miro porno de vez en cuando. A veces la veía a solas y a veces con el. Me di cuenta entonces que se había estado tocando. El olor, la manera en que tenía las manos en los pantalones de dormir, la franela sucia a un lado.
Iba a apagar el teléfono cuando algo en el vídeo llamó mi atención. No sabría decirles qué fue, pero algo en la imagen, que era el cuerpo de una mujer acariciándose los pechos, se me hizo familiar. No sé si fue la forma del cuerpo, el tono de la piel, o la manera en que tenía las uñas perfectamente arregladas, pero supe que conocía ese cuerpo. Me obligué a mirarlo, a ver todo el vídeo que era bastante extenso, y antes de poder ver su cara supe que era ella.
Encuentro la expresión “mejor amiga” bastante infantil, absurda para una mujer en sus treinta y tantos, pero si diría que es, o era mi amiga más cercana. Nuestros hijos son amigos, su marido y el mío eran amigos, vacacionábamos juntos en familia.
Reconocí su baño y el hecho de que el vídeo no tuviese sonido tenía sentido.
No le dije nada a su marido. Al mío… pues envié el vídeo desde su teléfono al mío y eso contaba bien la historia. Cuando le pedí que se fuera de la casa no tuvimos que conversar el por qué. El debe haberle contado a ella. No conté ni di muchas explicaciones a conocidos. Creo que cuando me separé de él y rompí relaciones con ella, fue bastante obvio lo que había sucedido. Atando cabos logré concluir desde cuando estaban en aquello. Pudo haber durado mucho más, si tan solo él no se hubiese quedado dormido.
Anónimo
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