No, no es una broma, a mi novio ahora le llaman «el duende cachondo de la curva»
¿Y como sucedió? pues uno esos días que piensas: “Ok, vamos a ser responsables y sensatos”… y termina siendo una historia que se recuerda pasados 5 y hasta 10 años.
Mi novio es de un pueblito costero donde todo el mundo se conoce, se saluda por la calle y se chismorrea hasta del gato de la vecina. Vamos que si estas en el baño metido con diarrea te viene la del bloque de al lado con fortasec.
El lugar perfecto para un romance tranquilo. ¡Ja! ¡Chiste!
El duende cachondo y yo ¡Digo! Mi novio y yo llegábamos en coche a su pueblo, veníamos todo el viaje metiéndonos mano a muerte y no pudimos esperar a llegar a casa.

Lo siguiente que recuerdo es que acabamos en una carretera secundaria a la entrada de su pueblo, fuera del coche. Yo con el vestido subido y las bragas colgando de un tobillo, mis manos en su nuca, piernas atadas a su cadera y bueno… ya te imaginas… empotramiento puro y duro contra el coche.
Cualquier persona normal diría: «pe-li-gro» Pero que quieres que te diga, a mi me gusta más un polvo que a un tonto un lápiz y cuando se trata de pitos yo no respondo.
Se acercaba el momento álgido: él conmigo, yo con él, los cuerpos encajados y el mundo reducido a nuestra curva mal iluminada.
«No te corras dentro» le susurro. Y él, cachondo como un perrillo, se la saca, se la agarra y empieza a eyacular, cuando de repente se acerca un coche en dirección al pueblo con sus luces encendidas.
Yo no sé lo que vieron exactamente aquellas personas pero si me lo puedo imaginar: A un tío de 1.90, con barba hasta el pecho, pelo largo, eyaculando al borde de la carretera.
¡Aiiii mi duende cachondo!

Lo mejor fue la sorpresa: el tipo no pitó, no gritó… bajó la ventanilla y nos silbó. Literal. Nos alumbra con las luces, nos mira y nos silba como si estuviéramos en un espectáculo callejero de verano.
¿Quién fue nuestro espectador? No tengo ni idea, lo que sé es que la gente todavía se ríe.
Sí, conocen la historia, todo el pueblo la conoce y mi novio desde aquel día es en su pueblo «El duende cachondo de la curva».
Han pasado 10 años y aún nos miran y se ríen como si estuviéramos en un chiste. Y mi novio, orgulloso y macarra, acepta el título con la misma sonrisa traviesa que nos hizo saltarnos todas las normas de prudencia esa noche.
Moraleja: si vas a dejar que la pasión te lleve, que sea con estilo y humor. Porque una curva, un coche y un silbido inesperado pueden convertir una locura de verano en leyenda local.