A estas alturas de la vida, supongo que ya todas estaréis familiarizadas con la tradición del elfo. Un pequeño ser que llega el día 1 de diciembre para vigilar que los niños se estén portando bien. El día 25 se va y deja paso a Papá Noel, pero hasta ese día, va cometiendo trastadas por la casa para divertir a los niños.

Aunque yo creo que el elfo ha venido a divertir y a desquiciar más a las madres que a los hijos. Conozco esta tradición anglosajona desde hace varios años, pero es que este año estoy viendo verdaderas competiciones entre madre a ver quién hace la travesura más original. No sé a vosotras, pero a mí se me han llenado los stories de Instagram y los estados del WhatsApp de fotitos del elfo haciendo de las suyas.  

Hay gente que se lo curra de verdad, que hace una inversión importante de dinero y le compra disfraces al elfo y material para las manualidades. Yo he visto desde habitaciones llenas de globos hasta muebles envueltos en papel de regalo.

Y lo reconozco, yo también he caído en la trampa del elfo. Empecé el año pasado y pensé que sería divertido, que fomentaría el espíritu navideño. Y ahora me veo algunas noches, medio dormida y sin ganas, improvisando una trastada que no lleve mucho trabajo. En ese momento es cuando pienso: “Pero ¿quién me mandaría a mí meterme en esto?”

Lo peor de todo es que mis hijos no tienen ni idea del esfuerzo que le pongo al asunto. Ellos ven a su elfito colgado del ventilador envuelto en papel de plata, rodeado de planetas hechos de cartulina y con un cartel que pone “soy un astronauta”, pero no saben que me pasé la noche anterior buscando en Pinterest y recorriendo TikTok buscando ideas.

Me he unido a varios grupos de Facebook donde, sobre todo mamás y también algún papá, se dedican a publicar las trastadas de sus elfos. Es una gran comunidad donde los unos a los otros nos ayudamos: compartimos ideas, plantillas imprimibles de cartas y también hay alguno que presume de su originalidad.

Pero lo mejor de todo es que hay verdaderos piques por hacer la mejor trastada. Y no se te ocurra decir que ayer no vino el elfo porque tus hijos se portaron fatal, porque te ponen de mala madre para arriba. Ya sabéis, las maravillas del anonimato de internet, la gente te puede criticar, llamarte de todo y no pasa nada.

A veces es divertidísimo entrar en el grupo de Facebook porque te encuentras unos comentarios que no tienen desperdicio: que si tu elfo no es el original del Elf on the Shelf, que si es una imitación mala del Alcampo; que si dejáis que los niños toquen a los elfos os estáis cargando la magia; que si a mí me da igual lo que hagáis los demás, pero mi elfo los sábados y domingos descansa y no hace trastadas… Los papás nos ayudamos y criticamos a partes iguales.

Tipos de madres según su nivel de originalidad

Dentro del mundo élfico hay varios tipos de mamás. No todas preparamos las mismas travesuras, se nota el nivel. Y tampoco son iguales las cosas que hace el elfo a primeros de mes que a partir del día 10, que ya no sabes ni que inventarte y tiras de cosas fáciles. Aquí os dejo una clasificación que yo he hecho:

La mamá que copia

Nunca se le ocurre nada nuevo, simplemente va copiando escenas que ve en los WhatsApp de sus amigas. Porque, admitámoslo, no todas tenemos tiempo ni talento para la creatividad espontánea. Si ves algo brillante en redes sociales, ¿por qué no reproducirlo en tu casa?

La mamá escatológica

A esta le encanta poner al elfo haciendo caca en el inodoro y llenarlo todo de chocolate simulando que es otra cosa. Le suele gustar bastante manchar su casa: pone al elfo cocinando y toda la cocina llena de espaguetis, hace dibujos con kétchup y mostaza, mete al elfo en el bote de la nocilla… el problema que yo le veo a esto es que luego todo eso lo tienes que limpiar tú.

La mamá comodona

No se quiebra mucho la cabeza, poner al elfo en situaciones simples: colgado del árbol de navidad, sentado en una estantería, dentro de la nevera arropado con una mini manta. No esperes que manche nada ni que se gaste el dinero en ropita para el elfo.

La mamá con mucho dinero y tiempo libre

Esta es la que se lo curra, la que se ha pasado el juego. Se gasta el dinero en trajes y accesorios para el elfo. Esta madre no te pone al elfo sentado en el lavabo; no, te monta un parque acuático con luces, burbujas y peces de plástico mientras el elfo, subido en una mini barca, pesca en el lavabo o en la bañera.

Al final, el elfo no es para los niños, es un ejercicio para que las madres nos sigamos cargando de tareas y de presión, como si no tuviéramos ya bastantes cosas que hacer. Como si ser Papá Noel, los Reyes Magos y el Ratoncito Pérez no fuera suficiente, ahora también queremos ser elfos.