Estoy tan cansada de que me pregunten si quiero ser madre que hace un tiempo inicié una práctica nueva: preguntar a las que husmean en mis decisiones vitales por qué ellas sí quieren ser madres o ya lo son. Es una pregunta invasiva, sí, tanto como la que me hacen a mí.
Desde que inicié la práctica, me he hecho con un catálogo de motivos que van desde lo más típico a lo más insólito. Hay mujeres que son madres porque no se plantearon otra vida posible, por lo que se puede decir que lo son por convencionalismo o presión familiar/social. Otras cedieron a la insistencia de sus parejas. A otras les gustan los niños, simplemente. Otras se plantearon la crianza como un reto vital. Otras querían tener a alguien a quien ver crecer y que les proporcionara compañía de por vida. Hubo una que me dijo que no le hacía especial ilusión ser madre, pero sabía que con 50 o 60 años se alegraría de haberlos tenido. Y un caso especial es el de un amigo que me dijo que le encantaría ser abuelo, pero ser padre no le hace especial ilusión. Cada loco con su tema.
De las conversaciones que he tenido sobre el tema, hubo una que superó mis expectativas de motivaciones extravagantes para embarcarse en la maternidad. Fue más o menos así:
—¿Tú por qué quisiste ser madre?
—Hombre, pues tú sabes, con estas edades, ya es lo que toca.
—¿Es lo que toca por qué?
—Pues porque los grupos de amigas cambian. La gente se casa, tiene hijos, deja de salir y se dedica al trabajo y a la familia.
—Ya. Que entonces eres madre por seguir en la onda, ¿no? Por encajar en algún sitio y seguir teniendo planes.
—Hija, yo no lo diría así.
Pero era exactamente así. El motivo más insólito que me ha dado alguien para desear ser madre es socializar.

Esta persona a la que me refiero ha convertido la maternidad en su único estilo de vida, pero no únicamente por lo que conlleva proveer a la criatura. Es que no hay nada más allá de eso. No participa en conversaciones que no sean sobre crianza, no hace planes más allá del parque y las actividades infantiles y apenas interactúa con personas solteras o parejas sin hijos. Uno de sus principales pasatiempos es cotillear acerca de los nuevos embarazos, supongo que para saber quién más se une al club y puede convertirse en su amigacha de parque. A las amigas de su grupo que se quedan embarazadas les da una calurosisíma bienvenida con todo tipo de experiencias y consejos. Celebra la noticia desde la alegría por ellas, pero también por percibirlo como una validación de sus propias decisiones de vida.
Las veces que he coincidido con ella y con su hija me inducen a pensar que está más interesada en lo que envuelve a la maternidad que en la maternidad en sí misma. Su hija parece un mero vehículo de encaje en su nueva vida, porque ni siquiera se puede decir que le gusten los niños. O no parece que los tolere.
Lleva a la niña de punta en blanco, con todo tipo de lacitos y chalequitos con encajes. Cuando le preguntan por esta o aquella prenda, o alguien le dice a la niña lo guapa que va, ella saca pecho y da una disertación sobre moda infantil que nadie le ha pedido. Se pone nerviosa y reprende enfadada cada vez que la niña se echa una mancha, se quita la moña del pelo o amaga con corretear a más de 5 metros de donde alcanza su brazo extendido. Porque para ella la cría no es simplemente una cría. Es una muñequita que exhibir y que genera tema de conversación. Su madre la trajo al mundo para socializar, estar entretenida y tener siempre compañía.

Sé que estas opiniones siempre generan la indignación de madres que se sienten aludidas, como si las críticas a una sola fueran extensivas a todo el “colectivo de madres”, un ente que ni siquiera existe. Yo sigo diciendo algo que sé que es impopular, pero es lo que pienso: el único motivo válido para ser madre es el deseo de proporcionar amor y cuidados de forma altruista sin esperar nada a cambio de la criatura, ni ahora ni en el futuro. Todo lo demás me parece egoísta y, dependiendo del motivo, incluso peligroso. Estás lastrando a alguien que no pidió nacer con cargas que no le corresponden.
Ya sabes, amiga, si también estás cansada de que te pregunten si quieres ser madre, cuándo lo serás o por qué no lo eres, prueba a hacer la pregunta al revés, «¿Y por qué tú sí lo eres?», aunque sea para que la gente deje de preguntar desde el convencimiento de que es “anormal” no querer serlo. Y no te cortes. Al igual que cuestionan tus motivaciones, cuestiona tú las suyas. Es posible que sí sean superficiales y egoístas.