Hace unos meses, el abuelo de mi amiga María falleció arropado por toda su familia. Lo curioso de esta situación es que fue toda, TODA su familia quien lo rodeó en el momento de su partida, pues a dos de sus hijos no los conocía nadie de la familia hasta poco tiempo antes.
El abuelo de María había tenido una novia cuando era joven. La abuela de María contaba que sabía de su existencia, pero que no la conoció porque falleció siendo muy jovencita. Cuando la abuela se mudó al pueblo al casarse ya nadie hablaba de aquel amorío adolescente.
Los abuelos se casaron, se mudaron pronto a la ciudad y tuvieron 3 hijos y una hija. Hoy en día eran 9 nietos y nietas los que visitaban a los abuelos cada poco tiempo. Se habían convertido en esos abuelos entrañables a los que sus nietos visitan con frecuencia. La abuela cariñosa y muy generosa, llena a sus nietos de comida y amor en cada visita. El abuelo, algo más reservado y ausente en ocasiones, siempre se desvivió por su familia y, cuando estaba de humor, era muy gracioso. El resto del tiempo parecía estar en otra parte, como si tuviera otras preocupaciones.
Hace cosa de un año que enfermó y su mujer, con ayuda de sus hijos, lo cuidaban en casa para que no pasase sus últimos días en un hospital que prolongase su sufrimiento. Un médico lo visitaba cada pocos días y una enfermera le proporcionaba los medicamentos y atenciones prescritos. Fuera de eso, era su familia quien lo atendía con el amor que merecía.
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Pero un día empeoró mucho y todos, incluso él, supieron que el momento de la partida estaba a punto de llegar. Entonces pidió a su mujer y sus hijos que acudiesen a su habitación juntos, pues debía contarles algo. Ellos, creyendo que querría despedirse, le dijeron que no sufriese, pues sabían cuanto los quería, pero él quería decir algo más.
Cuando tenía 17 años se enamoró de su vecina del pueblo y, entre cortejos, paseos y cartas de amor, un día se les fue de las manos y tuvieron relaciones. Ella quedó embarazada y él, dispuesto a casarse con ella y hacerse cargo de sus responsabilidades, sufrió mucho cuando los padres de ella les prohibieron volver a verse.

Su novia fue escondida en casa de unos parientes durante el embarazo, para evitar “la vergüenza”. Pero cuando llegó el parto resultaron ser dos los bebés que nacieron y aquella jovencita falleció horas después por una hemorragia que la comadrona no supo controlar.
Al contrario de lo que se podría esperar, la familia de ella actuó con arrepentimiento, pues habían prohibido a su hija ser feliz en sus últimos meses de vida y abrazaron fuerte al abuelo de María cuando lloraba desconsolado la muerte de su amada. Los padres de su novia le dijeron que protegerían la reputación de su hija fallecida diciendo que había muerto de alguna enfermedad y acogerían a sus nietos como hijos. Ellos les ayudarían a superar la muerte de su hija y evitarían así que el abuelo de María “arruinase su vida” como padre soltero.
Ellos lo animaron a salir, a rehacer su vida e irse lejos. Aún así tardó años es ser capaz de ver a otra mujer. Veía a sus hijos con poca frecuencia, pues las despedidas para él eran muy dramáticas y lloraba cada noche por el fallecimiento de su amor y por la distancia de sus amados hijos.

Cuando se casó con su esposa decidió irse del pueblo, pues no soportaba ver a sus hijos jugar en la plaza sin decirles la verdad.
Los niños crecieron felices con sus abuelos sin tener claro quienes habían sido sus padres. Se decía algo de unos primos, pero no sabían la verdad. Su abuelo murió cuando eran pequeños (se dice que, desde la muerte de su hija, su corazón no volvió a funcionar del todo bien). Cuando eran algo más mayores, su abuela enfermó y decidió contarles la verdad. Entonces ellos buscaron a su padre y encontraron a ese chico que los llenaba de regalos y dulces cuando eran pequeños, pero mucho más mayor.
Él les ofreció que se fueran con él y su familia, pero ellos no quisieron que su existencia supusiera un problema para su familia. Supieron que fue él quien pagó sus estudios, quien les había abierto la cuenta en el banco donde encontraron unos buenos ahorros al quedarse solos, pues siempre estuvo pendiente de las necesidades de sus hijos.
Pero ahora que estaba preparado para morir, no soportaba pensar que sus hijos mayores se quedasen solos en el mundo, pues ya no les quedaba más familia que las que ellos habían formado.
Su mujer lloró apenada, pues le hubiese encantado haber podido hacer más por aquellos chicos y por su marido. Sus hijos, totalmente en shock por lo acontecido, pidieron a su padre que les dejase llamar a quienes no sabían que eran sus hermanos para conocerlos.
Al día siguiente dos señores apuestos totalmente idénticos aparecieron en la puerta de su casa junto con sus mujeres y sus respectivas hijas.

Hubo muchas lágrimas en esa casa, pero esta vez fueron de felicidad. Esta historia de haber sucedido un par de décadas después hubiera sido totalmente diferente, pero hay que situarla en el contexto en el que fue… Y ahora ya no valía de nada pensar en lo que pudo haber sido. Lo importante era ver a todos sus hijos y nietos juntos al fin.
Sus nietas adolescentes, hijas de sus hijos mayores, eran 3 niñas encantadoras y muy respetuosas que abrazaron a la abuela de María como si fuese su propia abuela y ésta las acogió como tal.
Con la felicidad de ver a su familia unida pudo despedirse de este mundo sabiendo que sus hijos no volverían a estar solos.
Se fue apagando poco a poco, siempre con una sonrisa en los labios y cuando su respiración se ralentizó, todos sus hijos pudieron poner sus manos sobre él para que se fuese acompañado. Murió feliz y María quiso contarme su historia para honrar a su abuelo y compartir la alegría de tener unos tíos mayores y unas primas pequeñas que no conocía y que ahora son parte fundamental de su vida.
Escrito por Luna Purple, basado en una historia real.
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