Me sobran unos kilos, lo sé. Tengo espejos y una báscula en mi casa. No hace falta que cada vez que me encuentro con algún conocido por la calle saque a relucir mi peso.

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¿Os pasa a todas o sólo es a mí? Estoy un poco hasta el toto de que cada vez que hablo con alguien me quiera poner a dieta. Que si dejar el azúcar. Que si caminar quince mil pasos al día. Que si una amiga suya ha perdido quince kilos dejando el pan y ahora “parece otra”. Como si yo quisiera convertirme en otra…

El otro día salgo a hacer la compra y me encuentro con una conocida-amiga. Ella tiene mi edad, recién divorciada y sin hijos. ¡Ha pegado un glow up que flipas! Hay que reconocer que está guapísima. No sólo porque haya bajado de peso, es que ahora se arregla más, se viste diferente e irradia como una luz distinta. Desde luego, que la dejara su marido le ha venido genial. Se fue con otra, y fue un palo muy gordo al principio, pero es que ahora está estupenda.

Bueno pues nos encontramos en el super y me empieza a contar que ha dejado de comer harinas y azúcar, y que solo con eso ha perdido ya más de veinte kilos. Hombre, decir que “sólo” ha dejado de comer harinas, significa que se ha quitado casi todo: pan, pasta, bollería, cereales, pizzas, empanados, croquetas, bizcochos, galletas, salsas… Miré su carrito de la compra y daba pena. Llevaba manzanas, aguacate congelado, varios tipos de lechugas y un paquete de filetes de pollo.

Te lo cuenta como si fuera lo más maravilloso que le ha pasado en la vida, dejar de comer de casi todo. Y te mete alguna pullita del tipo “¡Prueba tú, ya verás!”

No, gracias. Yo soy feliz con mi tostada con mantequilla y mermelada para desayunar.

Luego tengo a mi amiga la loca del gimnasio. Es madre, trabaja ocho horas fuera de casa, pero su entrenamiento en el gym no se lo salta ni un día. De verdad que yo no sé de dónde saca el tiempo. Yo soy madre también, estoy en paro y no me da la vida.

Encima te dice la tía que a ella le desestresa mucho hacer spinning. Lo que viene a ser estar una hora subida en una bicicleta estática. Me subo yo a una de esas y no aguanto ni cinco minutos.

Pues también me tiene que soltar alguna perla, que me apunte a un gimnasio, que me va a venir muy bien para el estrés. Esta es más disimulada, te dice que es para el estrés cuando en su cabeza está pensando que soy una gorda y que debería perder uno kilos.

O la mamá del amiguito de tu hijo, la típica que va super mona siempre a llevar al niño al colegio. Que tú vas con un moño mal hecho, la cara sin lavar, y de milagro se la has lavado a tu hijo.

Te la encuentras en la puerta de la escuela a las nueve menos cinco de la mañana y te cuenta que ha desayunado un kiwi, que le ha dado tiempo a hacer las camas, poner una lavadora, limpiar el polvo, y que ahora se va a hace running un ratito. Hasta ahí, todo genial, cada una con su vida que haga lo que quiera. Pero es que no se queda ahí, si no te suelta “un día te vienes conmigo” no se queda a gusto.

Que me dan ganas de decirle: “Un día me voy contigo a tomar un café al bar, si quieres, pero de correr, paso”.

Pero es que no sólo te lo dicen las amigas o conocidas, que al menos tienen tacto y diplomacia. Es que te encuentras con la vecina del quinto y en la conversación te lo mete donde sea. Que ella ya no usa el ascensor, que sube los cinco pisos a pie, que yo debería hacer lo mismo, que vivo en el cuarto.

Un día, mientras sacaba al perro, se me acercó una señora dueña de otro perro, la primera vez que la veía en mi vida. Pues, mientras jugaban nuestros perros, me habló de las maravillas de la dieta Keto y que si quería me pasaba unas recetas.

¿En serio? ¿Es necesario ver a una chica gorda y hablarle de recetas, de dietas y de gimnasios?

A veces una solo quiere salir a la calle tranquila. Comprar el pan. Recoger a los niños. Tomarse un café. Vivir sin sentir que alguien está evaluando constantemente su aspecto físico. Salir a pasear sin que alguien me suelta frasecitas que llevo escuchando toda mi vida, porque siempre he estado gorda. 

Además, siempre parten de la idea de que adelgazar es facilísimo y que, si no lo haces, es porque no quieres lo suficiente. Como si todas tuviésemos tiempo para ir al gimnasio, dinero para comprar productos ecológicos y energía mental para contar calorías después de un día infernal. Algunas bastante tenemos con sobrevivir.