Me topo frecuentemente con contenido sobre relaciones tóxicas en cualquier medio, y es un concepto que escucho en diferentes círculos desde hace años. Y, aún así, creo que poco se habla sobre ello. ¿Es normal que tenga en mi entorno tantas relaciones de este tipo? Lo ilustro.

Gritos a las 3 de la mañana

Mis vecinos de abajo son una pareja heterosexual cuyos miembros no llegan a los 40 años, sin hijos. Llegaron hace dos años y, al principio, todo parecía compenetración y buen rollo, pero enseguida se desinfló el efecto de la ilusión por iniciar nueva etapa. Pronto comenzaron episodios de broncas serias que me dejan en una posición delicada: ¿llamo a la Guardia Civil o espero a que la líen seria y me lamento luego por no haber hecho nada?

Ya les había llamado la atención un par de veces, pero hace unas semanas me tuve que poner seria porque nos despertaron en mitad de la noche con los gritos, a mi pareja y a mí, dándonos un susto de muerte. Me pidieron disculpas y me aseguraron que no volvería a pasar. Al poco me enteré de que se estaban separando, por fin, pero qué va. Siguen teniendo broncas encarnizadas, pero, al menos, las montan a horas no intempestivas.

El tiempo perdido

Mi amiga conoció a su marido cuando era una adolescente. Vivieron el amor intenso de la juventud, pero en unos años solo les quedó el recuerdo y la costumbre. Evolucionaron de manera distinta y tenían estilos de vida diferentes, pero se habían acostumbrado demasiado a estar con el otro. Su relación se convirtió en una eterna sucesión de fricciones: él esperaba cosas de ella que ella no podía darle, igual que al revés.

Pasaron los años dando patadas hacia delante, hasta que la bola de nieve se ha hecho enorme: hipoteca a medias y un hijo. Con un bebé al que atender 24/7, todas esas fricciones solo podían intensificarse, aunque ellos creyeran que la paternidad/maternidad les uniría más. Mi amiga se ha cansado tanto que lo ha aborrecido. Le repugna, y ahora quiere divorciarse desesperadamente. Pero él, consciente de los privilegios del casado, se ha convertido en su sombra. Antes nunca la acompañaba a nada, y ahora aparece cuando ella se está tomando cualquier café de desahogo conmigo o con otra amiga.

La escuchamos y consolamos, pero una de nosotras le dijo una vez: “Esto que me estás contando sobre tu marido me lo contaste por primera vez hace 15 años”. Y a ella se le quedó la sensación de haber perdido el tiempo.

Enfangados

Otra de mis amigas forzó la convivencia con su novio porque él había heredado la casa de un familiar, y ella pensó que era el momento de iniciar nueva etapa en la pareja. Su novio le estuvo dando largas porque no podía asumir dinero para reformas y equipamiento, pero ella insistió en que ayudaría con los gastos. Ayudó tanto que la casa está a su entero gusto.

Pasaron los años y el novio de mi amiga se reveló como lo que ella ya sospechaba que era: un indolente incapaz de comprometerse. No es que no pudiera asumir gastos, es que pasaba de hacerlo igual que pasaba de todo lo demás. Ella se quedó por intentar que él se pusiera las pilas, pero él se lo tomó como un pulso. Filosofía Rajoy: aguantó el chaparrón sin hacer nada, que ya pasará.

Pasaron chaparrones y tifones, y ahora están en pleno huracán: se separan, pero ella le exige que le dé parte del dinero que invirtió en la casa para poder empezar de cero, y él se niega. Mientras llegan a un acuerdo, viven juntos sin dirigirse la palabra.

 

¿Y por qué no salen?

A mis vecinos se les ve desquiciados y deteriorados físicamente. Al marido de mi primera amiga le han diagnosticado depresión, y mi amiga tiene dolores físicos que cree que está somatizando por no poder pasar página. Mi otra amiga se siente infeliz y su exnovio tiene el autoestima por los suelos.

Me he hecho una pregunta últimamente: ¿por qué, ante semejante panorama, las personas permanecen en una relación tóxica? Informándome sobre ello, veo que es un tema demasiado complejo: apego y/o dependencia emocional, esperanza de ver un cambio en el otro, miedo a la soledad, baja autoestima, manipulación y chantaje, normalización del abuso, dependencia económica, pensar en el supuesto bien de los hijos, falta de ayuda a red de apoyo, miedo, aislamiento, culpa, idealización de un pasado feliz…

Estas cosas las cuento continuamente y las escribo, y no es por salseo. Es por si a alguien le resuena todo esto y se plantea poner pies en polvorosa cuanto antes. No debe de ser fácil salir de ahí, llevará tiempo y requerirá muchísima ayuda, pero ¿no es mucho peor quedarse?