Una de las cosas que más me ha costado en la vida ha sido estar frente a alguien desnuda con la luz encendida. Siempre encontraba el momento para darle al interruptor «disimuladamente» (o yo creía que era disimuladamente) antes de empezar a quitarnos la ropa, y si la otra persona me preguntaba siempre respondía con una excusa como «es que me molesta la luz a los ojos» o cosas sin sentido como esa. O si por casualidad no podía apagarla (era de día o algo así) no estaba igual de cómoda. 

Pero un día lo hice. Dejé la luz encendida. ¿Y qué pasó? Absolutamente nada. Todo siguió con normalidad. Lo primero que pensé a partir de ese momento es que si alguien está a punto de tener relaciones sexuales conmigo es porque hay algo de mí que le ha gustado. No tiene por qué ser físico. Lo atractivo de una persona es mucho más amplio que un cuerpo: puede ser la forma de ver la vida, pueden ser gustos en común, puede ser algún aspecto de la personalidad…

Lo siguiente que me dije es que la ropa no es una armadura que hace que tus lorzas desaparezcan porque sí. Están ahí debajo y eso se ve. La gente lo sabe aunque lleves ropa. Pero el problema no son las lorzas, Olga, es tu actitud frente a ellas. Es si te da igual o no que estén ahí. Una camiseta puede quedarte igual de bien llevando una S que una XXL, y un cuerpo desnudo es bonito independientemente del diámetro que tenga. Y entonces, me vino una idea loca a la cabeza: «¿y si resulta que a alguien le gusta mi cuerpo no normativo?» ¿Por qué no? Estoy segura que a ti, que estás leyendo esto, también te han gustado una gran variedad de cuerpos… ¿y si el tuyo entra dentro del registro de alguien? 

Así que, mi consejo para mí misma, y para todas las personas que apagáis la luz es: déjala encendida. Y olvídate. Disfruta sin pensar. Disfruta de tu cuerpo (y de todos los orgasmos que pueda darte). Disfruta de su cuerpo. Disfruta de tu mente. Y de la suya. Disfruta del momento. La vida es muy corta para pasarla a oscuras. 

 

@olgainwordland