Hace algunos años en una época de soltería me pasó algo que quiero compartir con vosotras. Mis amigas flipan cuando se lo cuento y aunque a día de hoy es algo que no me escandaliza, en su momento sí lo hizo.
Conocí a un chico por internet, ya no recuerdo dónde. Facebook, Tuenti, alguna app… Ni idea. Empezamos a hablar de vez en cuando y las conversaciones fueron siendo más extensas sin darme cuenta. Yo no buscaba nada serio, él tampoco. Perfecto. Ambos teníamos claro que de ahí no iba a salir una boda.
Testimonios reales directos en tu móvil, chollazos y ofertones aquí — https://whatsapp.com/channel/
0029VbCFxa04Y9loKPiq5B2k Si prefieres en Telegram es aquí https://t.me/mundochollazo
El chico en cuestión no me parecía guapo, de hecho, era del montón, tirando más bien a feo. ¿Para qué os voy a mentir? Pero me reía mucho con él. Además, estaba lleno de tatuajes y eso sí me hacía sentir un pequeño tilín.
Las semanas fueron pasando y llegó el momento de quedar por primera vez. Yo ni me arreglé, fui con lo que llevaba puesto, sin maquillar y con el pelo recogido para no tener que peinarme. Fuimos a cenar unas pizzas y a tomar algo. Después me volví a casa.
Nuestra amistad iba fluyendo y un día quedamos en su casa para ver una peli. Guiño, guiño.
Ya sabéis a qué me refiero. La verdad es que no estuvo nada mal, lo hicimos varias veces en el sofá y en su cama. No tenía queja. El chico se preocupaba de que yo tuviera mi correspondiente orgasmo y ya sabemos que esos hombres son difíciles de encontrar a veces. He de reconocer que en el sexo era un hombre tirando a guarro, no de no lavarse, ¡no os alarmeis! Sino guarro sexualmente hablando. A mí no me importaba porque en el sexo disfrutábamos mucho.
El tiempo fue pasando y nosotros seguimos quedando una vez por semana en su casa. Vivía solo, además, tenía muchísimos terrarios con reptiles y no le gustaba dejarlos solos.
No había visto nada fuera de lo normal en él hasta una noche en la que todo cambió. Mientras lo estábamos haciendo me pidió que le escupiera en la cara y yo me quedé rígida. Tiesa como su nabo en ese momento. No pude hacerlo. Mi cerebro bloqueó mis glándulas salivales. Cuando terminamos, bueno, cuando él lo hizo, porque a mí se me fueron todas las ganas, puse una excusa y me fui a casa. No me quedé a dormir.

Spoiler: quedé dos veces más con él. No sé en qué estaba pensando o qué quería descubrir.
La siguiente vez, que no fue una semana después, sino algo más de un mes, quiso hacer un cumkiss. Me di cuenta de que no éramos tan compatibles como yo creía. No voy a explicar lo que es con mucho detalle porque muchas de las aquí presentes ya lo sabrán y quien no, puede buscar en Google si no es muy aprensiva en temas sexuales al igual que hice yo. Dije que no, me daba un poquillo de asco compartir fluidos en un beso. Él insistió un poco y yo me puse seria y le pregunté qué parte del no no había entendido. Ese día no acabamos nada. Tenía muy claro que yo no iba a poder seguir y que no me iba a quedar a medias para que él terminara.
El tiempo fue pasando al igual que mi interés por él. Ya no me atraía tanto, ya no me apetecía compartir momentos con él, aunque los orgasmos fueran muy buenos cuando no los cortaba con alguna de sus peticiones. Él estaba más espabilado que yo en el tema sexual. Me di cuenta la última vez que quedamos.
No sé ni cómo describir lo que pasó. Llegué a su casa, tomamos un par de refrescos y me dijo que quería enseñarme algo. Yo notaba que estaba nervioso, pero pensé que quizás era algún animalillo nuevo. ¡Qué ilusa! Me llevó a su habitación y abrió un cajón de la cómoda. Mis ojos se abrieron de par en par y le miré horrorizada. Él me dijo: quiero que me folles con uno de estos.
Ese cajón estaba lleno de pollas enormes. De todos los colores, de todas las formas y de todos los tamaños. Os juro que yo no había visto cosas así en mi vida. Eran descomunales.
Me los enseñó uno a uno como un niño que te enseña sus regalos el día de su cumpleaños. Él estaba pletórico, me dijo que sabía que yo era capaz de hacerlo y que ambos íbamos a disfrutar, que podíamos empezar con uno pequeño si me daba impresión. Lo siento, pero no, ni de coña.

¿Os preguntáis qué hice? Salí por patas de su casa. No le penetré con ninguno de los pollones que vi allí. Yo siempre he sido de que me den a mí, no de dar yo. No soy capaz de visualizarme con un arnés empotrando a nadie. Que ojo, respeto mucho a las personas que hacen esas cosas, pero yo ni podía ni quería.
A día de hoy estoy completamente segura de que esas cosas no entraban en su culo, o sí, no lo sé y es algo que nunca sabré.
Educadamente le mandé un mensaje explicándole que eso era demasiado para mí y lo bloqueé. Me buscó por diferentes redes sociales, pero jamás volví a responderle. Recatada que es una.
Alba C Serrano
