Tuve una época en dónde sólo me encontraba con tíos raros, daba igual donde. Era un imán y ellos se acercaban a mí sin yo buscarlos, y a mí me dejaban la cabeza loquita durante unos días y luego ya me reía de la situación. Hoy vengo a contaros lo más fuerte y extraño que me pasó con un chaval que conocí por un amigo de un amigo, hace ya un tiempecito atrás. A él vamos a llamarle Juan.
Juan odiaba salir de fiesta, pero esa noche los astros nos cruzaron caminos en un bar. Él, sin beber ni una gota de alcohol, se fijo en mí y estuvo toda la noche dándome conversación y tratando de acercarse sutil y no tan sutilmente. Cuando decidí acabar la noche me fui a mi casa y me encontré con un papel doblado con su número y una nota que ponía:
“Espero que podamos hablar y volver a vernos en algún momento, hiciste que la noche fuera más interesante al estar a tu lado.”
Aclaro que no llegamos ni a besarnos ese día (en ese momento estaba muy digna yo), y el gesto me pareció de lo más tierno. Al día siguiente le hablé, y el siguiente y el siguiente. Y cada día me apetecía más y más verle de nuevo. Empecé incluso a plantearme que podríamos ir más allá de un polvo, y es que el chico se lo estaba ganando a pulso.
Y quedamos, tomamos una coca cola zero, vimos el atardecer en un mirador y hablamos y reímos. Nos besamos. Sentí química, quizá un poco de magia. Quise pasar la noche con él pero nos convencimos mutuamente de que era muy pronto. Y repetimos citas, así tres veces más. La cuarta acabé en su piso. El chaval que parecía siempre tan seguro de sí mismo empezó a dudar y ponerse nervioso al cruzar su casa. Algo no iba del todo bien, a mí me tenía más caliente que el palo de un churrero y lo suyo no había manera de que se levantase. Los nervios, pensé…
Error.

Me pasa a su habitación, temblando levemente y abre el armario rebuscando hasta que saca lo que parecía una caja de zapatos. Literal era una jodida caja de zapatos vieja, ¿para qué iba a sacar unas zapatillas ahora? ¿Un juguete mal escondido?
Con el máximo cuidado del mundo saca una bolsa de satén de ahí dentro y de la bolsa… Un dildo como mal hecho, ligeramente doblado y de un material un tanto dudoso.
Mi cara tuvo que ser un poema, no entendía nada. Me limité a callarme y a dejarle explicarse.
-Es que, no soy capaz de excitarme si no me metes esto por detrás. Es una réplica de mi pene y lo que me pone es que otra persona me penetre como si fuese yo el que lo hace.
No supe que hacer, y como cuando me pongo nerviosa me río pues me descojoné en su cara mientras todas mis ilusiones se iban por la ventana de esa habitación. Le pedí perdón, le dije que entendía lo que me pedía pero que no era la persona indicada y me fui.
Porque soy abierta de mente, pero esa situación era demasiado para mí. Y mis ganas se quedaron en aquella caja de zapatos, esperando que otra persona las encontrase y pudiese satisfacer a ese chico clon.
Whirlwind