Estoy hasta el moño de coaches. Los hay motivacionales, otros que te ayudan a adelgazar, otros a encontrar tu “yo” y luego está el merchandising tipo Mr. Wonderful en el que “Yo puedo con todo”, pase lo que pase. ¡Oye, pues no! Ni podemos con todo, ni todo se arregla con midfulness ni tengo que llevar lemas positivos en la puñetera funda del móvil.
Sí, soy una cascarrabias más de Mr. Puterful y de ironías. Si mido 1,60 no voy a ser jugadora de baloncesto profesional por mucho que haya profesionales que se empeñen en vendernos que todo está en nuestras manos. Hay que asumirlo y saber elegir las guerras que luchamos.
Y yo, que soy muy guerrera, conocí a uno de mis ligues después de ganar un juicio. El ganador fue su cliente, pero nosotros nos caímos bien y nos atrajimos desde el minuto cero. ¿Suena a fake? Puede ser, pero fue tal cual. Abogada gana juicio y se tira al abogado contrario. Si lo veíamos en Allie McBeal hace muuuuuuchos años, yo doy fe de que puede pasar.
No firmamos nada, pero nos fuimos a la cama después de una cena juntos en un japonés de moda. Todo muy cool para seguir con la línea de serie americana. Nos fuimos a su piso y empezamos a comernos a besos. Y a magrearnos. Y entonces él bajó al pilón. Y, cuando le iba a comer yo la polla, me dijo que no, que mejor seguíamos en la cama.
Fuimos a la cama. Y me pidió que me tumbara. Me tumbé y se puso encima. Y entonces empecé a vivir lo más raro que he vivido en plena acción. “¡Vamos, campeón, tú puedes!”. Sí, eso fue lo que se dijo. Y yo me eché a reír y le dije: “¡Eso, eso!”. Pero estaba muy concentrado.
“¡Un último empujón!”, se decía él mismo. Esto lo repitió como 5 o 6 veces. Yo no sabía si estaba en la cama o en una clase de spinning. Ya me metí yo también a tope en el papel: “¡Dale, que puedes!” porque me hacía mucha gracia. Pero él seguía abstraído hasta tal punto que no se enteraba.
Se corrió conejeándome sin parar de decirse cosas y yo, la verdad, estaba más divertida que excitada. No me corrí, me fue imposible con semejante jarta de lemas vacíos. Y, cuando se corrió, le choqué. Sí, sí, le choqué los cinco como hacen los buenos colegas cuando uno consigue un logro. Se quedó muy pillado, sobre todo cuando le dije: “¡Machote!”. Y esta historia, que aquí he exagerado un poco, se la cuento siempre a mis amigas, exagerándola también, para reírnos.
Porque en la vida hay mil tipos de logros y uno de los más importantes es lograr correrse y… ¡coño! Si hay que motivarse, pues tiramos de Mr. Wonderful. ¡Sí, se puede!
Envía tus movidas a [email protected]
