Siempre he sido una chica que los demás catalogan como “simpática y resultona” y un sábado de fiesta con unas cuantas copas encima, yo misma me denominaría así, aunque en realidad soy bastante tímida, cuestión quizás de inseguridades.

La cosa es que era un sábado tonto, hablé con una amiga y decidimos salir a ver que deparaba la noche. Mi amiga habló con su hermano que resultaba que estaba con su primo y que también iban a salir, por lo que decidimos juntarnos los 4. 

Al principio estaba un poco cortada ya que no conocía ni al hermano ni por supuesto al primo de mi amiga, pero como he dicho antes, el alcohol fue desvaneciéndola y cada vez me sentía más cómoda en ese grupete que habíamos hecho, y sobre todo, cada vez me sentía más cerca del primo de amiga.

Os pongo un poco en contexto. El primo estaba bastante buenorro, era muy guapete y sin duda me estaba poniendo ojitos. Solo había un inconveniente que él me había contado con total naturalidad, y es que tenía novia desde hacía unos cuantos años. Realmente a mi me la traía un poco al pairo que tuviera pareja, tampoco sabía como iba a acabar la noche en ese momento. Total, que eran como las 6 de la mañana y todos los bares estaban cerrando. El tonteo entre el primo de mi amiga y yo había sido obvio toda la noche y a ninguno de los dos nos apetecía dejarlo ahí. ¿El problema? Estábamos con sus primos, ellos sabían que tenía novia y ya era parte de la familia. ¿Qué hicimos? Mi amiga y su hermano estaban caminando unos metros por delante de nosotros dos, así que en un momento en el que iban a girar en una esquina decidimos dar media vuelta y escabullirnos hacia el piso donde yo vivía por aquel entonces. Estábamos cachondos como monos, pero aún recuerdo que de camino al piso me contó que era médico, quizás en un intento de desviar nuestros pensamientos calenturientos hasta poder hacerlos realidad.

Llegamos a mi piso y no tardamos ni dos minutos en empezar a enrollarnos fuertemente. Después de unos cuantos besos húmedos me puso a 4 patas y empezó a darme de lo lindo hasta que se corrió. Tras sus jadeos llegaron las lágrimas. En ese momento no podía verle dada mi posición, pero empecé a escucharle y flipé en colores al oír lo que parecían lloros y su voz diciendo “Qué he hecho, tengo novia”. 

A ver, a ver, a ver, que yo soy muy comprensiva pero que este tío no se arrepintió ni un poco hasta el momento en el que descargó. Casualmente sin hacer que yo acabase antes. Obviamente me lo tomé bastante mal y le dije que se fuera de mi casa. Este podría ser el final de la historia con el primo de mi amiga, pero no.

Pasaron los años y yo no había vuelto a saber nada de este chico, llevaba 2 años en una relación con mi actual pareja y por supuesto tenía olvidada esta historia. Mi pareja tenía cita en el hospital para que le miraran unas manchas que le habían salido en la piel, justo en su zona íntima y decidí acompañarle. 

Estando sentados esperando el turno, una enfermera salió y llamó a mi novio a que entrara en consulta. Nos levantamos y allí fuimos. Vimos al médico de espaldas a nosotros, escribiendo algo en el ordenador y al darse la vuelta para saludarnos… ¡ZAS!, era el primo de amiga, ese que me puso mirando a Cuenca y luego se arrepintió de lo sucedido. En ese momento tuve un flashback y recordé que yendo a mi piso aquel sábado me había mencionado que era médico DERMATÓLOGO.

Imaginad el panorama. Nuestras miradas eran un poema, yo no sabía donde meterme, pero él…empezó a ponerse rojo, a tartamudear y a sudar. Finalmente la consulta fue lo más normal posible dentro de esa anormalidad, pero al salir mi pareja me preguntó que qué coño había ocurrido y tuve que contarle todo. Para mi sorpresa, se rió de lo lindo y yo, todavía en shock, me uní a él con una risa nerviosa. Si es que quien me manda…

 

Marieta