Amor & Polvos

Follodrama: un columpio asesino

Debo reconocer que siempre sentí un poquito de envidia de las chicas que protagonizaban los follodramas (algunos, que otros son para huir del país). Pensaba “Jope, yo llevo con el mismo tío desde hace 10 años… El sexo ya no me deparará sorpresas”, pero qué va. La vida es una tómbola y los follodramas son como jugar a la lotería: a alguien le tiene que tocar. Esta vez fue a mí y haciendo un pequeño spoiler, acabé literalmente sin aire.

Como os decía, mi novio y yo llevamos la vida juntos. 10 años ni más ni menos. Empecé a salir con él al acabar la universidad y la verdad es que no me puedo quejar, pero es inevitable que tras una década el sexo no sea igual que antes. Cuando éramos jovencitos follabamos en todas partes: parkings, la zona del río, el portal de su casa… Daba igual, si nos entraba el calentón acabábamos follisqueando a tope. Tras todo este tiempo somos más pragmáticos; el mejor sitio para follar es nuestra preciosa casa. Con lo que nos ha costado el colchón viscoelástico cómo para no darle uso…

El caso es que a su madre le tocó un paquete de experiencias en la peluquería, pero la mujer no es muy fan del turismo rural así que nos lo regaló. No sé si conocéis estos paquetes, pero básicamente te vienen ocho mil planes (escapadas románticas por España, restaurantes, actividades al aire libre rollo puénting, montar a caballo y mil movidas más). Decidimos irnos a un pueblito de Castilla y León (que es de dónde somos nosotros) a pasar un fin de semana.

Llegamos y lo primero que hicimos fue ir a comer una parrillada. Prioridades, chicas. La carne de pueblo es mejor que la de ciudad, esto es una verdad como un templo. Después ya deshicimos las maletas y dimos un paseíto por la zona, descubriendo que la casa rural tenía una especie de jardín para niños con un columpio, una cama elástica y mil movidas más. Nos hizo gracia y sin más.

Pasó el día tranquilito y a la noche fuimos a cenar a un bar del pueblo. Empezaron a servirnos vino como si no hubiera un mañana y el pedo que nos pillamos fue monumental. Llegamos a casa y nos entró el calentón, así que empezamos a hacerlo en el salón, sobre la mesa del comedor. De repente mi novio vio por la ventana el parquecito infantil de la casa y tuvo la genial idea de ir a darle al tema allí. Con la borrachera que llevábamos nos pareció divertido y excitante, pero la cosa salió mal.

Primero follamos en la cama elástica y oye, la cosa fue divertida, pero luego fuimos al columpio. Yo no sé muy bien qué coño hicimos que cuando estaba empotrándome en el columpio hizo un mal movimiento y yo me caí contra el suelo. Las hostias a los 35 no son como cuando tienes 14. Ya estoy mayor. Tengo una variz. Las ojeras me llegan al suelo. Los niños me llaman señora.

Real que me quedé sin oxígeno del hostión y mi novio empezó a gritar “ayuda, ayuda”. Menos mal que no le escuchó nadie (y si alguien lo hizo, no vino), porque imaginaos la escena: una señora desnuda patas arriba y un señor desnudo gritando ayuda, ambos en un parque infantil. No suena bien…

Me recuperé a los 10 minutos y vomité, no sé si de la hostia o del vino. Sea como sea este viaje nos ha enseñado a valorar mucho más nuestro precioso colchón de casa…

 

Anónimo

 

Envíanos tus follodramas a info@weloversize.com

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