Lifestyle

Gente que va un día al gimnasio y se cree Leticia Sabater

Este artículo es hateo puro y duro. Lo digo porque estás a tiempo de parar de leer y ahorrarte la indignación si eres una de esas personas que va un día al gimnasio y se cree un híbrido de Leticia Sabater y Jane Fonda.

Vamos a ver, colega, que has estado ocho años haciendo sofing y ahora te marcas una sesión de elíptica un día y ya te crees la máxima eminencia en nutrición, dietética y ejercicio. ¿De qué vas?

Sí, tú… Que llevas cinco meses con la pantalla del móvil rota porque no tienes pelas para arreglarla pero te has comprado ocho modelitos de Nike, cinco de Adidas y las nuevas Asics porque “la ropa del Decathlon es de mala calidad y prefieres invertir”. Vas a meter toda es ropita tan bonita en el armario que lleva a Narnia en menos de un mes y lo sabes.

Créeme, no tengo nada en contra del ejercicio y la vida sana, pero tengo muchas cosas en contra de ti. Eres pesada. No quiero que me des consejos. No quiero que me digas que ahora no puedes vivir sin gym, que es tu iglesia, tu religión. No quiero que me des la chapa porque “me vendría muy bien la electroestimulación muscular para perder los kilitos de más”. No quiero que me vendas tus batidos que parecen vómito de rana. No quiero ver tus fotos de pienso para pájaros con el hashtag #fitnessgirl. ¿A quién quieres engañar, coño? Si es que te he visto el otro día comiéndote un Big Mac.

Si tú tienes la necesidad de cuestionar mi estilo de vida porque no comulga con tus nuevos valores healthy, yo tengo la necesidad de mandarte a la porra a ti, a tu ropa fosforita y a tus semillas de chía. Mientras tanto yo saldré a dar mis paseos con mis zapatillas Kalenji de 9 euros, mis mallas Domyos de 4 euros y la camiseta de promoción que me dio el Banco Santander cuando me hice una cuenta de estudiante hace doce años. Seguiré comiendo pizzas los domingos y si me sale del papo ensaladas los martes. También me haré berenjenas rellenas, pollo asado y tostadas con aceite y tomate, que el aguacate me da cagalera. Lo sé, no queda tan bonito en Instagram pero es que la vida real no admite filtros. 

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