Estaba enferma y él se fue de fiesta 

¡Hola chicas! Resulta que estoy prometida desde este pasado diciembre, y llevo dos semanas en una especie de crisis existencial, y no sé qué me pasa, porque supuestamente tendría que estar en una nube de alegría. Me siento más bien como en nubarrón de lluvia y lloros incesantes. Llevo conociendo a Javi como un año y medio, y a nuestros treinta y siete años hemos decidido progresar con la relación, casarnos e intentar formar una familia, la verdad es que siento que no tenemos mucho tiempo que perder. 

Bueno, ese era mi plan, Javi lo sabía desde el principio y yo creo que accedió a ello, y se sumó al carro de boda-piso-niños. 

Pero ¿y si Javi no es el hombre de mi vida? – Esta idea resuena en mi cabeza desde las primeras semanas de Enero, cuando hicimos frente a mi primera gripe. ¿Y si no me quiere tanto como dice? Y no consigo sacarme esta idea de la cabeza. Os cuento de qué va la historia. 

En Navidad todo fue bastante bien, “viajamos y pasamos poco tiempo en familia”. Pero el problema vino cuando llegamos y me enfermé, ¡cogí una gripe de estas monumentales! Y estuve días con fiebre y síntomas muy incómodos. Tenía un aspecto horrible, y si, necesité ayuda durante esos días. Mi sorpresa vino cuando descubrí la verdadera actitud de mi prometido ante mi situación de vulnerabilidad. ¡Mi prometido no estaba ahí para ayudarme! Y pensaréis que estoy exagerando, pero hubo momentos de delirar con la fiebre, y que necesité ir a urgencias para que me pincharan ¡ese era el nivel! Y mi expectativa era que Javi estuviera por casa echándome un cable, ¡pero no fue así! 

 

Asquete por los síntomas

Rápido me di cuenta de que Javi sentía “cierto asco” por mis síntomas de gripe, me refiero a los mocos, fluidos y a la tos. El día que empezó todo le envié un mensaje para advertirle que no me encontraba bien, cuando abrió la puerta del salón me dijo “joder, estás horrible” – estaba en chándal con un moño en la cabeza. Ese día tenía la nevera vacía, no podía ir a trabajar y Javi me trajo una lasaña congelada y una barra de pan, ni siquiera naranjas ni sopa. Acto seguido me dijo que él había quedado a comer con un amigo en un restaurante. Me dijo que vendría pronto a casa, como a las cuatro de la tarde y llegó por la noche, ya cenado. No tenía ni botellas de agua para hidratarme, y llegó a casa sin nada. Por la noche, me puse un pijama y me metí en cama, recuerdo que pasé a su lado y me dijo “no hueles como siempre”. Eso me cabreó muchísimo porque yo soy muy cuidadosa con mi higiene, me ducho a diario, me echo crema hidratante y perfume ¡pero con fiebre no! 

 

Falta de empatía monumental 

Fue durante mi gripe cuando descubrí la falta de empatía preocupante de Javi. Resulta que por la noche, deliraba de la fiebre y el señor dormía la mar de a gusto. Me levanté al baño y me caí contra la mampara del baño ¿y que hizo el señor? Absolutamente nada. Una de las noches que salí de urgencias tuve que ir a una farmacia de guardia, y había -4 grados. Entonces montada en el coche le pedí por favor a mi prometido que aparcase cerca de la farmacia y que me acompañase. ¡Rosmó para hacerlo! Una vez en la farmacia cuando estaba comprando la medicación, me cayeron unas monedas y la farmacéutica me pidió que no me agachase o me desvanecería con esa fiebre. ¿Y que hizo mi prometido? Ver como la farmacéutica giraba el mostrador y recogía las monedas. Me miró con una cara como ¡menudo figura llevas aquí al lado! 

 

Me dejó sola y se fue de fiesta 

Después de cinco días, acumulándose los platos en la cocina y sobreviviendo de sopas de sobre, mi salud no mejoraba. Ese día teníamos una fiesta local bastante conocida, de tarde y de noche, y mi sorpresa fue cuando Javi decidió ir y dejarme en ese estado en casa. Salió por la puerta a las diez de la mañana, dejándome con 39 de fiebre y temblando en el sofá. Además, estuvo de comilona y tomándose sus cañas todo el día “sin interesarme lo más mínimo por mí”. Tan mala me sentí, que tuve que llamar a mi padre, el cual hizo dos horas de coche para venir a casa. Me llevó corriendo a urgencias y me ingresaron por un principio de neumonía ¡estaba deshidratada! 

Se le vio el plumero a Javi en frente de mi padre. Javi apareció de madrugada y ya os podéis imaginar la cara de mi padre durante mi ingreso de fin de semana. 

¡Y de repente todo de maravilla!

Cuando salí del hospital me fui un par de días a casa de mis padres. Luego empecé a ser yo misma después de 15 días ¡ya olía rico! Javi aparece como si nada y me da un beso en la frente ¡hola, estás preciosa! Pero mis sentimientos por él cambiaron después de esos quince días. 

Ahora pienso que quizás Javi no sea el hombre de mi vida. En este año y medio hemos compartido muy buenos momentos, con viajes y aventuras pero quizá ese sea el problema, que solamente hemos pasado momentos positivos. Pero ¿y cuando sea mayor y tenga arrugas? ¿Cuándo vuelva a enfermarme? ¿Y si mi cuerpo cambia? La gripe me ha hecho ver  el hombre con el cual estoy prometida y me he llevado la decepción de mi vida. 

 

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