Querido diario

A la guerrera que está intentando quererse

Eh, guerrera. Sí, tú. Que te levantas día a día e intentas quererte. Que hay momentos en los que te derrumbas pero después te levantas. Y que haces lo posible por seguir adelante aunque a veces ni siquiera encuentres los motivos.

Eres una jodida diosa guerrera y te mereces todo lo bueno del mundo. Valquiria. Artemisa. Xena. Lo molas todo

El viaje hacia el amor propio y la autoaceptación no es fácil. No es una autopista en la que tienes una calzada lisa y sin baches ni altibajos. Es un puerto de montaña, con curvas arriba, abajo, giros inesperados y sin saber qué viene a continuación. Pero menudas vistas.

Nope. «¿Y ahora?» Tampoco.

No vas a llegar en poco tiempo. Lo mejor es disfrutar del camino, pero sé que a veces es imposible. Esas mañanas que te miras al espejo y es un «Joder, no», o cuando estás con amigos y te planteas qué haces ahí, o el día que simplemente no te nace quererte.

Esa parte del camino es una putada, pero es una parte del camino. Y pasará, y estarás más cerca de quererte, y habrás aprendido alguna lección importante. Entonces la próxima vez que te sientas mal te recuperarás antes, o sabrás que puedes recuperarte, y eso te ayudará a seguir avanzando.

También es importante que sepas que no estás sola en este viaje. Hay más guerreras y guerreros que luchan cada día por sí mismos, por su propia vida y por aquellos que quieren. No te estoy diciendo que vayáis todos juntos en plan pandi, te estoy diciendo que no eres la única a la que el camino al amor propio se le puede hacer cuesta arriba, ni la única que ha tenido que sacar su hacha vikinga forjada a fuego (de forma que su arma, señor, mata) para enfrentarse a los monstruos que aparecen tras las esquinas. No. Estás. Sola. Nunca.

¿Vale, guerrera? Te aseguro que algún día habrás batallado como una auténtica reina del ajedrez y, aunque en ese momento no te des cuenta, habrás llegado al final de esa guerra. El amor propio y la autoaceptación serán una realidad y una constante en tu vida, y te acompañarán durante el resto del camino. Y ahí aún estarás menos sola.

 

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