Durante toda la vida siempre he oído que las bodas se organizan al gusto de los novios, que son ellos quienes organizan como quieren su gran día y quienes toman todas las decisiones. Y diréis, «pues claro, eso no tiene ningún misterio, es así». Porque tiene lógica, ¿verdad? Pues bueno, parece ser que es algo que nuestras familias no comparten.

desesperada

Mi boda se fijó hace ya cinco meses. En cuanto nos prometimos, nos pusimos manos a la obra con los preparativos. A donde quiera que fuésemos nos decían que ya íbamos tarde contratando, pese a que quedaban aún quince meses para el enlace en aquellos momentos. Así que, dicho y hecho. Nos casaremos dentro de un año en una pequeña iglesia de mi ciudad. El catering está por terminar de contratar pero ya decidido, solo nos queda el papeleo. Y la ubicación de la celebración, una finca rústica con viñedos y bodega, quedó elegida desde que la fuimos a visitar.
Así que pasamos a la lista de invitados. Tanto mi pareja como yo tenemos familias muy grandes, por lo que una vez sumados los amigos de ambos nos quedó una lista bastante amplia. Cuando llamamos a la finca para preguntar el aforo máximo, de paso nos advirtieron de que si venían niños de hasta catorce años, tendríamos que contratar un cuidador por cada tres niños. Llegados a este punto, tomamos la conflictiva decisión. Ninguno de los dos tenemos niños en nuestros círculos más inmediatos ni tenemos relación alguna con ninguno de los niños que vendrían, así que decidimos que lo mejor era establecer un limite de edad, que fijamos en dieciséis años para salvar de la criba a mi primo más pequeño. 

check

Lo cierto es que yo nunca he pensado que las bodas fuesen un lugar para niños, pero de haber tenido alguno de los dos, por ejemplo, sobrinos, los habríamos añadido y contratado la supervisión que hiciera falta. Pero todos los niños eran hijos de primos lejanos, o hijos de los primos y amigos de nuestros padres, así que decidimos que esto era lo mejor.
Pues bien, a raíz de esta noticia, su padre no nos habla desde hace una semana porque dice que le ponemos en un compromiso con unos amigos suyos a los que quieren invitar. Su madre, casi llorando, dijo que no podíamos hacerle esto. La mía llama cada día para convencernos de eliminar el límite de edad y así evitar problemas familiares. Pero el colmo fue cuando una tía de mi pareja nos dijo que esto se tiene que hablar en familia, que no es decisión solamente nuestra.

wtf

O sea, a ver si lo he entendido bien, ¿que en nuestra boda no podemos decidir nosotros, los novios, quién viene y quién no? 
Al principio me sentía fatal por todo el dramón que se había montado, pero viendo las actitudes de unos y otros, pasé a considerarlo una falta de respeto. Al fin y al cabo, estaban dando prioridad a sus respectivos compromisos poniéndolos por encima de nuestra decisión.
Así que ambos nos hemos plantado. Hemos informado a todos de que no vamos a cambiar de opinión. Si alguien se siente ofendido por no haber invitado a sus niños, está en todo su derecho de no asistir, pero también es nuestro derecho establecer libremente las normas del día de nuestra boda.
En fin. Solo nos queda esperar que con el tiempo lo acepten y comprendan que sí, que efectivamente son los novios los que deciden cómo son sus bodas. Y punto.