Mi chico nunca ha sido muy dado a estar pendiente de las cosas del colegio, ni reuniones, ni festivales ni convivencias, ni nada, siempre estaba liado con el trabajo. Un día que yo estaba enferma llevó a mi peque al colegio, al día siguiente que yo ya me encontraba mejor, insistió en que la llevaba él, porque hacía mucho frío y que me quedara en casa recuperándome.

El lunes siguiente me dice que como no pasa mucho tiempo con la niña, se ha arreglado el horario en el trabajo para poder estar ese rato con ella. Desde ese día la llevaba él, los tres encantados, ellos por estar más tiempo juntos y yo por tener algo mas de tiempo para mí. 

Un mañana se les olvidó una cartulina en casa mi niña necesitaba esa mañana. Llegué a la puerta del colegio sobre las 9:20h con la intención de volver a pedirle otro favor al conserje y que se la acercara a su clase. Aparco y todo normal, madres y padres que aprovechan para irse a correr juntos, otros en corrillos poniéndose al día del fin de semana, criticando a  alguna otra madre, padre, maestra o compartiendo datos de posibles líos y separaciones de los padres de la clase, que el CNI podría solucionar la mitad de las investigaciones con los corrillos del colegio.

Hasta que veo en una esquina a mi chico con Sol, nuestra perfecta, encantadora y sofisticada presidenta del Ampa. Me acerco y la sonrisa de los dos era digna del mejor anuncio de dentífrico. Al verme los dos parecieron sorprendidos. Se despidieron y entramos juntos a entregar la cartulina. Al salir mi chico me dio un beso y me dijo que luego en casa me contaba.

Deseando que llegara la  noche para saber más. Nos sentamos a cenar y me cuenta que es muy amigo de Jaime, el marido de Sol, que se conocían del gimnasio. Y Sol estaba intentando que su marido formara parte del AMPA porque es un manitas y les vendría muy bien, para preparar carrozas, decorados…… Y que necesitaba que él también formara parte para que su marido se implicara. La respuesta que yo esperaba era un no rotundo, pero lejos de todo eso, me dice que le ha dicho que si, iría los días que su trabajo se lo permitiera y así se aseguraba que las cosas en el cole se iban a hacer bien, por el bien de nuestra hija Alba.

Todo parecía normal, recién cumplidos los 40 de mi chico, lejos de comprarse una moto, una bici o liarse con su compañera, había empezado a disfrutar las cosas de nuestra hija. Las reuniones del cole habían empezado una cada 15 días y a las tres semanas pasamos a dos veces por semana. Había que preparar el fin de curso, las excursiones, el festival y las graduaciones. 

Un par de meses después, mi hija se quedó en casa de mi madre a dormir porque sus primos también se quedaban y quería jugar con ellos, se me ocurrió acercarme al colegio para echarles una mano en los preparativos del festival de fin de curso. Cuando llegué, el despacho donde se reunían estaba cerrado y una chica de la limpieza me dijo que los viernes no había reunión, que eran los martes y los jueves, cuando mi chico me decía los miércoles y los viernes. Inmediatamente lo llamé y no me lo cogió, no sabía donde podía estar y sólo se me ocurrió acercarme al gimnasio. Entré, me puse a buscarlo y sólo reconocí a Jaime, el marido de Sol. Me acerqué a preguntarle si no había ido a la reunión del AMPA, su cara de sorpresa me hizo saltar todas las alarmas.

El lunes siguiente en los corrillos del cole solo hablaban de cómo mi chico se lio con la presidenta del AMPA y su marido y yo como suele pasar siempre fuimos los últimos en enterarnos. Tres meses llevamos de abogados, papeles, custodias y seguimos dando noticias a los corrillos, pronto habrá otra noticia más actual y dejaremos de ser protagonistas de los rumores. Pero mientras tanto…. imaginad lo que tengo encima.

 

Tiara