Suena mal decir a boca llena que has intentado que tu hija rompa con su novio, pero es que, de verdad, es de traca. Tengo una hija de 17 años que hace unos meses conoció a un chico de 24 y que, al final, resulta que es su novio.
Para ella es su primer amor, pero el chico se ve que viene de vuelta. No tiene tantos años más que ella, pero los suficientes como para que se note que es un chaval con bastante más calle que mi hija.
El muchacho es el típico malote con moto, cosa que a mí me da mucho miedo. No me gusta que mi hija se monte en motos así a lo loco, y como lo sabía, me estuvo mintiendo hasta que la pillé. Los vi yendo a toda velocidad por la avenida de detrás de mi casa. Y no, no hay necesidad ninguna de que mi hija se parta la cabeza por ahí. Le he prohibido volver a montarse en moto, pero hará lo que le dé la gana cuando yo no la vea, como buena adolescente que es.
Después, el chico fuma y mi hija, aunque me lo niega, vuelve a casa oliendo a tabaco. Además, el otro día se le cayó un mechero del bolsillo. Me dice que el olor es del novio y el mechero también, pero mucho me temo que ella también ha caído y está empezando a fumar, cuando siempre ha sido una chica súper deportista y antitabaco.
No sé, tengo la impresión de que este novio suyo ha venido a llevarla por mal camino. Ella siempre ha sido muy buena estudiante y ha bajado en sus notas, entre otras cosas porque él no la apoya en que siga estudiando, sino que la anima a que se ponga a trabajar como él para ganar dinero y hacer cosas juntos. Lo dice como si fuera ingeniero de caminos, cuando resulta que el niño trabaja de reponedor en un supermercado. Pero lo suficiente como para que, si él tiene dinero para irse de fin de semana y mi hija no, él se va y ella se queda en casa pensando en que es gilipollas por hacernos caso a sus padres y que su novio por ahí solo la va a liar con la primera pelandrusca que se cruce. Además, le manda fotos de fiesta, como diciendo: jódete.
Esto ha hecho que mi hija ya haya empezado a insinuarnos que estudiar es un asco, que necesita dinero, que es mayor para tener solo una paga… y vivimos atemorizados con que la niña un día se levante y diga que se niega a seguir estudiando.
Por todo esto, le pido a Dios cada día que rompa con el individuo este. Con ella suelo tener conversaciones de este tipo y cuanto más se lo digo, siento que más se aleja de mí.
Un día, por casualidad, me encontré al chaval en la moto con una chica que no era mi hija, y lo vi claro: podía ser el momento de abrirle los ojos. Lo seguí con el coche y vi cómo se bajaban y se abrazaban. Cual detective cutre, saqué el móvil y les hice una foto, pensando que por fin le iba a poder dar pasaporte al chulo playa de mi yerno.
Cuando llegué a mi casa y se lo enseñé a mi hija, lo primero que hizo fue decirme que era culpa mía, que yo lo odio, y que lo que quiero es que se separen como sea. Le dije que era él el que hacía las cosas mal con ella y que yo solo había sido testigo y tenía la obligación de decírselo como madre, pero amigas… me salió el tiro por la culata.
La chica de la moto resultó ser una amiga suya y, como no presencié beso ni nada realmente determinante (aunque sus actitudes decían otra cosa cuando los vi), encima he quedado de histérica y cotilla. Y ellos siguen juntos. Contra mi voluntad, claro.
Le pido a Dios que abra los ojos y lo deje, pero está claro que yo ya no voy a intentar nada más, porque cuanto más reniego de su novio, más lo defiende ella y se pone de su lado. Así que he aprendido que es contraproducente.
Anónimo
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