¿A qué edad os considerasteis adultos? ¿Qué es exactamente lo que consideráis ser un adulto?
Según la R.A.E.: “Dicho de un ser vivo: que ha llegado a la plenitud de crecimiento o desarrollo”.
Cuando somos pequeños, siempre estamos diciendo “cuando sea mayor hare tal, o hare cual o pascual”.
MENTIRA
Cuando eres adulto, se te va la vida pensando qué cojones hacer de comer. Sin más. En esto se ha convertido la vida adulta.
Yo, cuando no era adulta, y vivía con mamá y papá, no tenía esos problemas. Me comía lo que había en el plato, me gustase o no, y asunto arreglado. Me podía gustar más o menos el menú, pero era lo que había, una preocupación menos.
Y cuando me fui a vivir con mi ahora marido, de la cocina se encargaba él. Por lo que lo que había en el plato tampoco me quitaba el sueño.
Sin embargo, desde que tenemos hijos, la cocina es cosa mía. No sé si porque ahora solo trabajo media jornada y tengo más tiempo libre, o si porque mi marido sufre de amnesia temporal localizada y no consigue recordar dónde está la cocina y para qué se usa (que eso es tema para otro artículo, pero bueno, a lo que vamos). Si no cocino yo, no cocina nadie.
Y ya, mi día se basa en decidir que hacer de desayunar, comer y cenar todos los días de mi vida.

Me levanto, preparo el desayuno que ya he pensado la noche anterior, y se lo doy a los peques. Mientras comen, ya empiezo a pensar en la comida, y en la cena. Que hay que descongelar lo necesario, e igual hay que comprar algo.
Mi cabeza más o menos va así en un día normal:
¿Comemos pollo hoy? No, mejor pollo no porque he visto una receta en Instagram que quiero probar para cenar, y claro, vaya rollo pollo pa’ comer y pollo pa’cenar. Me van a salir alas.
¿Ternera? La puedo hacer así con salsita. No, mejor no. Que hice ternera hace dos días, y además la chica no se la come. No tengo el chichi hoy como para aguantármela llorando toda la hora de comida.
Venga va, hago una quiche. Esa le gusta a todo el mundo, y si la sirvo con ensalada cumple con las condiciones del plato saludable. Pero espera…no. Que hay que comprar huevos y ya son casi las 11. Entre que nos vestimos, salimos y vamos a comprar, ya no me da tiempo a tenerla preparada para la hora de comer. Pues oye. Salchichas y arreglado. Mas rápido.
Pero espera, ¿cuándo fue la última vez que comimos pescado? Venga si, va a tocar hacer pescado. Vamos a dejar el Insta-Pollo para mañana y hoy cenamos pescado.
¿Cómo lo hacemos? ¿A la plancha? Vaya sosada. ¿Y al horno? No, que pereza. Lleva mucho tiempo y esta tarde debería de llevar a los peques de paseo, que salen menos de casa que el ficus de la ventana. A ver, no vamos tampoco a complicarnos la vida. Hacemos salmón, que es así como muy socorrido, con pure de patatas y verduras asadas. Nos gusta a todos.
¡Mierda! No tengo salmón en el congelador. Pero tengo este pescado que compramos porque estaba de oferta. Vamos a mirar en San Google como hacerlo. ¿Así? No. ¿Así? No. ¿Así? Tampoco. ¿Así? Esta es interesante.
Primera línea de instrucciones: dejamos marinando la noche anterior. Va a ser que no. NEXT! Volvemos al Insta-Pollo. Pescado marinado desde la noche anterior para mañana, en cuanto compre las alcaparras para la salsa.
Y así se me van pasando los minutos, las horas, los días y la vida misma.
No sé a vosotros y vosotras, pero a mí la comida me termina aburriendo de todo lo que me hace pensar. Me agota. Me refiero, por supuesto, a la comida consideraba “buena”. Aquella que tengo que hacer como madre de familia y darles a mis hijos sin sentirme culpable. De las croquetas o del chocolate no me aburriré nunca.
Por eso es por lo que intento buscar cosas nuevas y excitantes. Y llamativas para que mis hijos se las coman. Pero es más cansado que meterme en el parque de bolas con los enanos.

Además, desde que me dijo el pediatra que no les diera leche con galletas para desayunar, tengo que pensar también en un desayuno. Lo hago por la noche. Se van a la cama, me voy al sofá, ponemos la tele, y mientras la veo mi cabeza va pensando ¿tortitas de plátano? ¿con avena? ¿fruta con yogur? ¿Tostada con aguacate? Y claro, así pasa. Estamos ahora mismo viendo la casa del Dragon y pierdo el hilo. Me pienso que estos dos son familia y de repente resulta que no, que están casados.
En definitiva, que como no me llega para un chef privado, ¡estoy planteándome seriamente el divorcio para volver a casa de mamá y papá y ahorrarme dolores de cabeza!
Andrea M.