¡Qué difícil es esto de la maternidad! Todas hemos visto, oído, leído y sufrido un montón de cosas sobre esto, pero lo que os vengo a contar es lo que nos complican la maternidad los hijos e hijas de otras. Porque yo sé lo que le enseño a mi hija, los valores en los que la educo, las creencias, las formas… Pero luego se van a al colegio y allí no hay control de lo que el alumnado comparte sobre sus casas, su educación, las cositas que descubren…
Pues bien. Resulta que mi hija va en 4º de primaria, tiene 9 añitos y es una niña bastante inocente. Su grupito de amigas aumentó este año al llegar una niña nueva al cole que venía de otra ciudad. Ella siempre estaba jugando a la cuerda, a veces quedaba con sus compañeras para hacer manualidades, hacían pijamadas y jugaban a las muñecas, a juegos de mesa o veían pelis hasta “muy tarde” … Pero desde que esta niña llegó al grupo, las niñas de siempre y mi hija crecieron 5 años de golpe. Ya no juegan en los recreos, ahora charlan mientras pasean agarradas del ganchete. Ya no hacen manualidades, ahora se sientan el los respaldos de los bancos del barrio a comer pipas mientras el resto de sus compis juega en el parque. Ya no juegan con muñecas, ahora cambian fotos de revistas…
Yo me imaginé que, si era algo generalizado, sería eso que dicen de que las nuevas generaciones vienen pisando fuerte y les llega la pre pre pre adolescencia antes… Pero, ¿qué va a pasar? Si mi hija estaba así con 9, en unos años las niñas de 5 años ya irían solas de compras y las siguientes generaciones elegirían sus pañales a juego con el eyeliner. No sé, será que me he hecho muy mayor, pero esto me parecía todo demasiado.

Cuando llegó la navidad, la niña nueva (Eugenia) reunió a todo su grupito y a algún niño perdido más y les dijo que no podía permitir que siguiesen engañados ni un minuto más. Les explicó de una manera cruel toda la fantasía de la navidad como un engaño que los padres montan para manipularlos y para reírse de ellos a escondidas. Al día siguiente me encontré con la madre de una amiguita que decía que su hija había estado toda la noche llorando, varias madres se habían juntado para ir a hablar con la tutora para que pusiera freno a aquella situación, aquella niña había llegado para arrebatarles la infancia a sus hijas, según ellas, y no se lo iban a permitir.
Yo relativicé todo un poco, creí que eran cosas de peques, que ella se habría enterado de forma traumática y que era algo que podía pasar… Pero entonces llegó mi hija a casa una tarde en que la había recogido su padre. Mi marido venía colorado con la frente inundada en sudor. Temblaba ligeramente y mi hija, detrás de él, airada, indignada, abochornada, resoplaba y se movía nerviosa. Yo no sabía qué estaba pasando. No podía decir cual de los dos estaba enfadado, diría que los dos, pero no sabía por qué, hasta que mi hija me miró muy enfadada y me gritó “Dime que no es cierto. Mírame a los ojos y dime que tu no le chupas a papá cada noche, que esa que me manda a lavar bien los dientes cada día, le hace “mamedas” a mi padre como si fuera lo más normal.”

Al oírla no sabía si gritar, mandarle callar, castigarla, pedirle perdón… Es que era una situación a la que jamás imaginé que tendría que enfrentarme. Para empezar esa forma chulesca de hablar, nada propia de mi hija, para seguir… ¿De donde había sacado aquello? Al menos no sabía pronunciarlo bien, pero quien había sido el iluminado que había dejado aquella información sin contextualizar o mal contextualizada en manos de una niña tan pequeña…
La respuesta era evidente y no tardaría en salir. AL parecer Eugenia vivía desde hacía pocos meses solo con su padre. Su madre había tenido que irse lejos tras el divorcio y la niña se había quedado sola con su padre que, tras todos estos años de no ocuparse de su propia hija, decidió delegar su crianza a un ordenador portátil con internet sin ningún tipo de control parental.
La niña pasaba horas en redes sociales y buscando información sobre lo que allí oía y no comprendía bien… Y así se fue enterando de las cosas que ocurren en la vida adulta pero contaminadas por internet, el porno y su falta de madurez la llevaron a compartir todo lo que creía entender allí con sus compañeras de clase.

Automáticamente llamé al colegio y pedí una cita con la directora. A mi hija, como pude, le expliqué que había cosas para las que aun no estaba preparada a entender. Siempre le hablamos con sinceridad sobre la reproducción y hablamos también de sexualidad en términos adaptados a su edad, pero los 9 no es una edad adecuada, digo yo, para hablar de mamadas. Le costó mucho dejar de pensar que su papá, antes de dormir, se baja los pantalones para que su mamá… En fin, no quiero ni terminar la frase. A saber lo que ella se imaginaba.
Al papá de la criatura se le citó en el colegio. Asuntos sociales intervino y yo me desentendí. Sé que, unos meses después, mi hija y sus amigas volvían a hablar de muñecas, de canciones nuevas para la cuerda y de pijamadas con purpurina en la cara.
Escrito por Luna Purple
(La autora puede o no compartir las opiniones y decisiones que toman las protagonistas).
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