Al escondite

Esta es una de las anécdotas más divertidas de una de mis amigas. Ella vive con su marido en un chalet que heredó de sus padres. La casa es preciosa, tiene un jardín con un par de árboles y también un patio trasero con puerta independiente. Me comentó que un día se duchó con su marido en el baño que tienen junto a su dormitorio y que empezaron a secarse para vestirse.

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Como era invierno, y tenían la chimenea encendida, pensaron que era mejor entrar en calor antes de ponerse la ropa y desnudos como estaban se fueron al salón. Una cosa llevó a la otra y no tardaron mucho en comenzar a besarse, a acariciarse y a tener sexo. Ya habían cumplido los 45 años, no tenían hijos y la ocasión les pareció perfecta para recordar viejos tiempos.

En lo mejor del querer, suena el telefonillo. No le hacen caso porque piensan que podría tratarse de alguien que deja propaganda, o de una equivocación. A los dos segundos, otro timbrazo y mi amiga ve que es su madre. El dilema era enorme. Si le abría, en un minuto estaría allí y vería lo que estaba pasando, nada raro por otra parte, y si no le abría, iba a comenzar a llamarla por teléfono para ver qué pasaba. Mientras pensaba, más timbrazos e incluso gritos como «el coche está ahí aparcado, ¿qué os pasa?».

Ella decide que hay que abrirle a la madre, él sale pitando para la habitación para coger algo de ropa y vestirse más rápidamente que un miembro de Tricicle. Lo malo es que cuando fue a entrar en el dormitorio se da cuenta de que la puerta no se abría. Llevaba ya unos días dando problemas y al irse al salón se cerró. No había manera de abrirla, la suegra en la puerta con sus timbrazos, su mujer diciéndole que espabilara y él que abre una ventana lateral de la casa, que va reptando en plan Rambo, pero en pelotas y a tres grados, hasta la ventana del dormitorio, que por suerte estaba un poco abierta, para entrar, coger la ropa, vestirse y pasársela a su mujer.

Mi amiga abrió la puerta y lo primero que le dice la madre es «llevo más de 10 minutos esperando con un frío que pela, he visto a tu marido a través del seto salir por la ventana y tú solo me has dicho que me espere y que me espere. ¿A qué jugabais?». Y el marido que le dice «al escondite señora».

 

La señora fue a contarle una telenovela turca de una vecina, a tomarse una copa y luego le dijo al yerno que la llevase a su casa. En cuanto se fue, el vecino también llamó para decirle a mi amiga que si estaba bien. Ella le dijo que por qué preguntaba esto y le respondió que «es que me ha parecido ver a un tipo en tu casa que estaba intentando entrar por una ventana. Sé que tenéis alarma y tal. No he querido molestar porque he visto que ha venido tu madre, pero por si acaso, revisa tu cámara de seguridad».

Vaya si lo hicieron. Las carcajadas eran enormes al verle escondiéndose de quién sabe qué. «Lo de la entrada por la ventana es algo ya que no se ve ni en los dibujos animados» dice ella normalmente. El calentón se les fue para siempre y desde entonces, cada vez que tienen ganas de que nadie les interrumpa, aparcan el coche dos calles más abajo. Ya puede llamar quien quiera que no abren.  Los que conocemos el código ni lo intentamos.