Una de las cosas que más me preocupa como madre, además de la salud de mis hijas, es el tema del acoso escolar. Me espanta. Cada vez que veo la noticia de algún chiquillo que prefirió acabar con su vida antes que seguir sufriendo un bullying sistemático, o vídeos de palizas, burlas, insultos, etcétera, me muero un poco por dentro. Me agobio y me pongo mala porque pienso en mis hijas en esas situaciones y me muero de miedo. Tengo tanto miedo a que las acosen como a que sean ellas las acosadoras. Es que no puedo ni imaginar lo terrible que tiene que ser ver a tu hij@ en cualquiera de los dos papeles.

Vamos, que soy hiperconsciente de todo lo relacionado con ese tema, sin embargo, es algo que me pre-preocupaba. Es decir, lo hacía desde el convencimiento de que podría afectarnos en el futuro. Pero que por ahora no.

Y resulta que me equivocaba.

Foto de MIkhail Nilov en Pexels

Porque desde el principio del curso actual me he dado de bruces con uno de mis miedos latentes más arraigados. ¿Con mi hija de tercero de primaria? No. Con la pequeña, que va en primero. Por lo que he podido ir comprobando, la clase de mi hija está aterrorizada por una acosadora ¡y solo tienen 6 años!

Al principio no le daba crédito a lo que me contaba la niña. Pensaba que eran las típicas cosas de niños, sin más. Le restaba importancia, pensaba que ella exageraba y que seguro que no me parecería tan grave si pudiera verlo con mis propios ojos, o si tuviera la otra versión. Me fui rayando conforme pasaban las semanas y a lo que ella me contaba, se sumaba lo que se deducía por sus actos. Me explico, una cosa es que tu hija te cuente que otra niña le rompe los plastidecores (aunque las quejas sean SIEMPRE de la misma niña); y otra es que traiga la mochila hecha trizas porque esa niña se la ha cortado con las tijeras. Una cosa es que me diga que se mete con ella y su ropa; y otra que deje de llevar ropa que le encanta al cole para evitar que se burle de ella. Una cosa es que me diga que le roba de su merienda; y otra que me pida que no le ponga cosas ricas, que le mande solo fruta porque si no la otra niña se lo come todo. Y una cosa es que me diga que la empuja cuando están en la fila; y otra que me llegue a casa con el lóbulo de la oreja desgarrado porque le ha arrancado un pendiente.

Total, que yo creo que la cosa se está saliendo mucho de lo que se pueda considerar normal. He hablado con otros padres sin dar nombres ni acusar a nadie concreto, y hemos llegado a la conclusión de que lo que le pasa a mi hija, les pasa a muchos otros. He hablado también con el tutor y ha confirmado mis sospechas. Ha habido numerosas quejas de padres con respecto a la misma niña y en el cole también eran conscientes de que hay un problema con ella. Otra cosa es que se le ponga remedio de algún modo, lo cual no debe ser tarea sencilla, porque por el momento la situación persiste.

Y yo alucino con que nos estemos enfrentando a algo de este calibre con niños de tan solo 6 años.

 

Anónimo

 

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