Estoy un poco cansada de que cada vez que digo que estoy saturada, que me quejo de que mi hijo pequeño no ha dormido nada en toda la noche, o de la conciliación, o de cualquier cosa relacionada con la maternidad, siempre hay alguien que te suelta: “Pues no haber tenido hijos”.
Vamos a ver, que yo adoro a mis hijos y los he tenido porque he querido, pero soy persona y también tengo derecho a quejarme. Digo yo.
Chollos de maternidad y peques aquí.
Y entonces, cuando me quejo de derecho a poder quejarme, valga la redundancia, te vienen con otra de las grades frases de cuñaos: “Ya sabías dónde te metías”.
Pues no. No tenía ni idea. Pensaba que sí, pero no. Cómo te explico que yo no sabía lo que era ser madre, hasta que lo fui. Parece lógico pero a algunos les cuesta entenderlo.
Te dicen que ser madre es duro, pero hasta que no lo experimentas, no te das cuenta de lo realmente difícil que es.

Yo veía a mis amigas súper agobiadas, cancelando planes porque tenían al niño con fiebre, poniendo el grito en el cielo porque quedábamos para cenar a las diez de la noche y era muy tarde porque su hijo a las ocho estaba durmiendo.
Que yo pensaba, tienes un bebé, lo metes en el carro y que el niño duerma en el restaurante. Ahora es cuando soy consciente de que sacar a un nene de su rutina es provocar a la bestia.
Ahora es cuando veo que quedar para cenar un domingo en el centro de al ciudad, es un muy mal plan cuando eres madre. Es que aunque salgas sola con tus amigas, porque tengas un marido y padre de tus hijos perfectamente capaz de encargarse de ellos. Ya eres madre y las diez de la noche es tarde también para ti.
Pero antes no. Antes creía que mis amigas exageraban, que no sería para tanto, que mi vida no iba a cambiar cuando fuera madre. Que podría con todo. Pues una mierda para mí.
Yo era de las que pensaba que si el bebé no duerme siesta, pues ya dormirá por la noche. Que no era tan importante respetar los horarios de un bebé. Ja.

O cuando me decían mis amigas que estaban agotadas, yo pensaba que también estaba cansada, que yo también trabajaba y llegaba tarde a mi casa. Que también tenía días de insomnio y me iba a trabajar habiendo dormido poco.
Pues resulta que no es el mismo cansancio. Que dormir cinco horas siendo madre, no es lo mismo que dormir cinco horas porque te has quedado viendo la tele o leyendo hasta las mil de la noche. Pero todo eso lo sé ahora que soy madre.
Es imposible entender lo que significa ser madre hasta que acabas de dar a luz, no te pueden ni sentar porque tienes puntos hasta en partes de tu cuerpo en las que no sabías que tendrías puntos, y encima tienes un bebé enganchado a un pezón lleno de heridas.
Hay experiencias que no se pueden explicar. Es como decirle a alguien que nunca ha estado enamorado lo que se siente cuando te rompen el corazón. Las palabras se quedan cortas.
Pues con la maternidad pasa exactamente lo mismo.
Por eso me enfada tanto la gente que no empatice contigo cuando me quejas. Que te dice aquello de “ya sabías a lo que venías, bonita”. Y yo no sabía a lo que venía. Me imaginaba cosas, pero la realidad fue mucho más dura.

Creemos que estamos preparadas porque tenemos sobrinos y nos hemos quedado con ellos una tarde para que tu hermana y tu cuñado se vayan al cine. Pero ser madre no dura una tarde, dura veinticuatro horas los siete días de la semana y durante toda la vida.
Y no me digáis aquello de “pues tú también estás diciendo que creías que tus amigas exageraban cuando se quejaban de la maternidad”. Sí, lo reconozco. Pensaba que exageraban, pero jamás se me ocurrió decírselo a la cara. Intentaba acompañarlas, consolarlas, o escucharlas cuando tenían ganas de desahogarse.
Pero es que yo solo doy con gente borde que me invalida.
Pues no, yo no sabía lo que era ser madre hasta que lo fui. No sabía lo dura que era la lactancia materna, o lo difícil que es concentrarse en el trabajo habiendo dormido a trompicones una noche, y otra noche, y muchas más.
Que también te digo, no cambiaría mi vida por nada del mundo. Mis hijos son lo mejor que me ha pasado, pero déjame que me queje y que me desahogue, que lo necesito para seguir siendo una buena madre.