Si le hubieran preguntado a mi yo del pasado que cuántos hijos le gustaría tener, te hubiera respondido que, como mínimo dos.
Yo tengo una hermana y siempre he considerado que era uno de los mejores regalos que mis padres me habían hecho, así que he tenido clarísimo que, en el caso de ser madre querría tener más de un hijo.
El sueño de ser madre se hizo realidad hace dos años, cuando nació Abel, un niño maravilloso que me vino a enseñar un montón de cosas que yo desconocía de mí misma y que llenó un poco más de luz mi vida.
La maternidad para mí ha sido relativamente sencilla. Abel nos ha dejado dormir casi desde el principio, no come mucho, pero sí de todo, apenas se ha puesto enfermo y se ha adaptado bastante bien a todas las rutinas y hobbies que teníamos, así que lo podemos llevar a cualquier plan o viaje de los que hacíamos antes de que él naciera y, sinceramente, nuestra vida, en ese aspecto, no ha cambiado mucho.
Cuento también con una red de apoyo bastante grande porque tanto mis padres como mis suegros están jubilados y siempre nos echan una mano en todo lo que necesitamos, desde llevar al peque al colegio hasta quedarse con él algún fin de semana. Pude, además, reducirme la jornada cuando nació Abel y el trabajo no ha sido ningún problema en cuanto a conciliación así que, por esa parte, también he sido bastante afortunada.
El caso es que Rafa, mi marido, y yo siempre habíamos comentado que no queríamos que nuestros hijos se llevaran mucho, entre dos y tres años, sobre todo porque no nos diera mucha pereza el que uno fuera ya independiente y hubiera acabado con la etapa bebé y tener que empezar de nuevo con otra.
En ese tiempo de “espera” entre uno y otro es donde estamos ahora.
Hemos hablado de ponernos a intentar quedarnos embarazados a lo largo de este año y, aunque es lo que he querido siempre, han empezado a asaltarme un montón de dudas sobre el tema y sobre si estoy o no preparada para más o si lo estaré algún día. Mi marido no entiende nada y dice que soy una exagerada y que se me pasará, pero de verdad, es algo que me angustia.
Tengo dos dudas principales: si estoy preparada para más y si quiero estar preparada para más.
Es verdad que la maternidad con Abel, como he dicho ha sido relativamente sencilla, pero, aun así, cualquiera que haya pasado por el proceso de la maternidad sabe que por muy fácil que sea nunca nunca nunca es fácil. Y no sé si quiero volver a sentir que alguien depende de mí tanto al 100%, ni si estoy preparada para otro embarazo y otro parto, para ver mi cuerpo cambiar, para no reconocerme a mí misma en ocasiones o para echar de menos todavía más a la mujer que era antes de ser madre.
Y, egoístamente tampoco sé si quiero estar preparada para todo ello. Ahora mismo, Abel es un niño muy independiente, ya no lleva pañal, está acostumbrado y más que adaptado a todas nuestras costumbres y rutinas y pensar en empezar de cero me da una pereza enorme.
Todo esto me genera un gran conflicto interno ya que, por un lado, siento que estoy privando a mi hijo de poder disfrutar de la aventura de ser hermano mayor y me siento tremendamente egoísta por ello, pero por otro, siento que puedo ser feliz con mi familia de tres sin forzar más allá y sin llevarme a un camino que no sé si es el que quiero.
Además, sé que, aunque mi marido respetará mi decisión, también se decepcionará un poco en el caso de que no quiera tener más e incluso podría llevarnos a un punto de inflexión en nuestra relación.
Me he dado un par de meses para reflexionar, para hablar con otras madres y para escuchar y procesar otras experiencias que quizás me puedan ayudar a dar un poco de luz a todo esto, pero ahora mismo siento que me estor traicionando a mí misma y que, quizás toma la decisión que tome, ninguna sea la correcta.
Angie Rigo
