La noche que acabé en urgencias es una historia de la que no suelo hablar.

Me pasó hace unos meses y aún no se borra de mi mente, ni de la de mi familia, nos afectó a todos.

Todo empezó por una cena en un restaurante. Mi pareja y yo queríamos celebrar nuestro aniversario cenando en un sitio especial, diferente y lejos de la rutina de siempre. Vivimos en un pueblo y estamos acostumbradas a ir a los mismos sitios pero esa noche queríamos hacer algo especial.

Nos pusimos de punta en blanco y cenamos en un sitio precioso de la ciudad. Volvimos a casa, follamos hasta quedar agotadas y nos acurrucamos en la cama.

Unas horas después empecé a encontrarme mal. No le di mucha importancia, quizás se me adelantaba la menstruación, había cogido frío, no lo sé. Durante la siguiente hora recuerdo un dolor intenso, punzante y, lo más preocupante, en el pecho.

Desperté a mi pareja y le describí lo que sentía. Las dos nos asustamos. Hace un año mi madre sufrió un infarto y pensamos que podía ser algo similar. Después de aquello me juré no apartarme jamás de ella y cuidarla hasta el final. Y si ese era mi último día, quería que ella estuviera ahí conmigo.

Cogí el teléfono y llamé. Eran las 3 de la mañana y mi madre sabía que, si llamaba a esas horas, algo iba mal. Estábamos camino a urgencias y allí nos juntamos todos en cuestión de minutos: mi madre, mi padre, mis tíos, mis primas y toda la familia de mi pareja.

Al ser un pueblo, todo está cerca, no había mucha gente en el hospital y pudieron atenderme al momento.

Doy gracias al enfermero que me cogió de la mano desde la entrada de urgencias y no me la soltó.

urgencias

Mi familia tuvo que esperar al otro lado mientras me llevaban a la sala contigua en camilla.

Recuerdo varias personas allí: dos doctoras, tres enfermeras, el enfermero cogiéndome de la mano y los llantos de mi madre en la sala de espera.

No sé si fue la situación, el agobio o la intensa presión que sentía pero algo hizo que me relajara y me dejara ayudar por todos ellos.

Me relajé y…. ¡Prrrrrrrrrrrrra!

Las dos doctoras, las tres enfermeras y el enfermero que me cogía de la mano me miraron, dirigieron la vista hacia el lugar del que había salido el ruido, es decir, mi culo y solo pudieron salir de aquel sitio para evitar reírse en mi cara. TIERRA TRÁGAME.

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Una de las doctoras, amablemente, me explicó que había sido un gas, muy atravesado y que tuviera cuidado con según qué comidas. Obviamente me preguntó cómo me encontraba pero yo no sabía ni dónde meterme. ¡Me puse roja como un tomate y sentí una vergüenza inmensa por la situación! Pero me había quitado un peso de encima bestial.

El enfermero me soltó la mano, bajé de la camilla y antes de irme miré hacia atrás. Solo vi a la doctora y al enfermero tapándose la nariz y abriendo las ventanas del mal olor que salía.

Al salir y ver a toda mi familia mirándome expectantes pensé en cómo contaría lo que me había pasado pero no hizo falta. Resulta que el pedo se había oído en todo el hospital y se habían quedado perplejos hasta que empezaron a reírse al saber que el pedo había sido mío.

Han pasado unas semanas y aún me lo recuerdan. Creo que va a ser muy difícil superar este momento en mi familia.

 

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