Encontrar pareja a través de una app de citas está, a día de hoy, muy normalizado. Si peinas tus primeras canas, como es mi caso, recordarás todas esas irritantes advertencias cada vez que abrías el Badoo. Ahora todos tenemos un par o tres de amigos que han encontrado el amor en Tinder. Lo que está aún tan normalizado es encontrar amigas por Internet.
Hace unos años que me cambié de ciudad, y, aunque en la mía de origen están todas mis amigas, pasó lo de siempre: que comenzamos a transitar caminos distintos y sus estilos de vida ya no son iguales al mío. Así que acogí con entusiasmo una nueva moda: la de mujeres (porque siempre he visto que lo hacen mujeres) que mandan un mensaje a un foro o un perfil en redes sociales para intentar ampliar sus círculos. Seguro que habéis visto alguno de estos mensajes buscando gente en el foro de Weloversize.
Me apunté a algunos de ellos y ESTO fue lo que encontré.
1. Los grupos fantasma
Todos los grupos comenzaron con mucha energía. Hubo alboroto continuo de mensajes los primeros días: “Ah, ¿eres de X? Yo soy de Y, ¡estamos cerquita!”, “¿Tienes 26? ¡Yo también?”, “¿Os gustan los paseos por el campo?”, “¿Tenéis perros?”.
Se lanzaban posibles planes como lluvia de ideas, y luego nada. Poco a poco, el ritmo de envío de mensajes iba decreciendo hasta el silencio permanente y la práctica muerte del grupo. Si alguien escribía, era por equivocación.
2. La gente “rarita”
Hay mucha gente en esos grupos que necesita ampliar círculos porque sus amigos de siempre están en otro momento vital, porque se han separado de sus parejas y buscan espacios nuevos, porque se han mudado… Pero también hay gente que, si quiere conocer gente, es porque hasta el momento no ha desarrollado habilidades sociales suficientes como tener amigos que les duren.
Estaba la que, de repente, quería vetar a tal o cual porque “no me cae bien”. La que hace comentarios vergonzantes o critica a otras con mala baba desproporcionada. O la que pasa de la nada al todo y del todo a la nada, es decir, de no conocerte, a agobiarte porque siente que ha encontrado a su media naranja amiga y, después, a volver a pasar de ti.

3. Las autoritarias
Se agradece la iniciativa en estos grupos, porque, si nos ponemos a lanzar planes con escaso recorrido, a meter indiscriminadamente gente en el grupo o a comentar cualquier cosa, se diluye el cometido principal. Pero una cosa es eso y otra es creerte la puta ama de ese pequeño espacio virtual, poner normas que cumplir a rajatabla y expulsar a gente a discreción y sin consenso cuando, arbitrariamente, crees que no las cumplen.
4. La falta de afinidad
En esos grupos entran personas de todo tipo. Pensad en Weloversize y en la increíble variedad de perfiles que aquí vienen, por ejemplo. De un momento a otro, te ves aplicando en los grupos de WhatsApp las dinámicas de la discoteca, a ver con quién puedes hacer un verdadero “match”: “¿estudias o trabajas?”, “¿tienes pareja?”, “¿tienes hijos?”, “¿dónde vives?”, “¿qué te gusta hacer?”…
Con el tiempo, he conseguido definir lo que yo iba buscando: gente con la que hacer planes, sin más, y lo que surgiera. Soy independiente y disfruto de mi tiempo a solas y en pareja, así que tampoco es que buscara amistades de alto coste emocional que demandasen tiempo y esfuerzo a ambas partes, porque eso ya lo tengo. Sí que he encontrado un pequeño grupo de gente con sus círculos y quehaceres propios, como yo, con la que quedar de cuando en cuando. Y a gente interesante también.
Por lo tanto, recomiendo la experiencia, aunque con un consejo: ir sin expectativas y abrirte a la amalgama de personalidades, gustos y dinámicas que se pueden encontrar ahí. Podrías desmontar algún que otro prejuicio. De inicio, intenta extraer algo, aunque sea el salseo cuando se monta bronca. Luego, si lo que salga de ese grupo te gusta y va contigo, bien. Si no, no fuerces, no es para ti. Tal vez, si tienes claro que buscas una nueva mejor amiga y otra cosa no te sirve, sea mejor una de esas nuevas apps de amistad. Yo no he usado ninguna, pero han compartido experiencias por aquí. Inscríbete y confía en el algoritmo.