Úrsula era prácticamente una niña cuando empezó a salir con Pablo. Ya tenía 18, pero siempre había sido muy infantil. Era una jovencita muy insegura e ingenua que jamás desconfiaba de la mala intención de nadie.

Se enamoró de Pablo perdidamente. Él era un chico popular en el instituto, de esos que les gustan a todas las chicas, que se llevan bien con todos los chicos y que sacan buenas notas, pero fingiendo pasar de los estudios.

Él había estado con muchas chicas, pero siempre le dijo que ella era especial. Él había estado “con muchas guarrillas” pero para ser su pareja de verdad esperaba a alguien como ella. Alguien formal, alguien “que se diera a respetar”. (Os prometo que me está costando escribir esto un montón).

Ella se sentía muy bien con él, siempre le decía piropos y cosas bonitas, aunque siempre en comparación con las demás. “¡Qué bonita estás con ese vestido! No como esas guarras que van siempre enseñándolo todo.” Parecía que el piropo iba acompañado de una advertencia. Siempre dejaba claro lo que no estaría dispuesto a soportar.

Cuando llevaban un año él le pidió que tomase la píldora. Estaba harto de los preservativos y quería sentirse libre con la que sería su mujer para disfrutar de verdad. Ella no puso objeción, pero unos meses más tarde sus caderas empezaron a pronunciarse un poco y, aunque con ropa no se notaba mucho porque no solía llevar ropa ceñida, sin ropa se podía apreciar que había cogido unos cuantos kilos.

Los comentarios sobre su peso eran siempre “una broma”. Iban después de un piropo, como las advertencias del principio, pero luego se reía. “¡Cómo me pones! Incluso desde que estás mutando en culona”. Ella se quedaba triste, seria, y él le daba un codazo como gesto “cariñoso” y le decía “Ríete mujer, que es una broma”.

Ella, agobiada por la subida de peso, se puso a dieta. Pesaba todo lo que comía y, al ver que aún así no bajaba demasiado, se restringía comidas completas hasta llegar a comer solo una vez al día. Ahí comenzó su TCA con el que lidia hoy en día.

Después de las bromas sobre el peso (que a pesar de haber perdido lo ganado y mucho más, continuaron presentes), pronto empezó a bromear con su inteligencia, con frases como “Pero tú que sabrás, cara bonita” cada vez que ella opinaba sobre algo. Más tarde las bromas sobre irse con otras… Pero es que eran bromas… Aunque luego le explicase que nadie la querría como él o que nadie sabría apreciar la bella persona que había en su interior (como si no valiese nada), todo era broma y no pasaba nada por bromear con tu novia.

Las inseguridades en ella fueron creciendo hasta convertirla en una chica florero. Ella iba donde él iba, comía lo que él pedía para ella, no hablaba casi nunca y solo se reía de forma discreta y silenciosa, sobre todo desde que una vez le dio un ataque de risa por algo que vieron en la tele y él le estuvo días haciendo burla por lo absurda que había sido su carcajada y porque parecía hacerle mucha gracia aquel cómico tan guapo…

Úrsula tenía 27 años (llevaba 9 con Pablo) cuando no pudo más y, pesando la mitad de lo que debería para su estatura, se ingresó en una clínica por ruego y súplica de su hermana mayor. Entró allí para callarle la boca a su hermana y que la dejase en paz. Por eso y porque veía que su físico ahora llamaba demasiado la atención. Quizá podía necesitar un empujoncito y que alguien le dijera cómo salir de aquello sin ser una vaca de esas de las que se ríe Pablo en la discoteca.

Es curioso porque cuando Pablo le fue infiel (la vez que ella se enteró, al menos) fue con una de esas chicas con curvas que tanto critica siempre. Pero Pablo la quería a ella, solo había caído en las redes de aquella buscona porque estaba borracho (o algo así le dijo).

Cuando empezó la terapia de grupo se mantuvo callada durante días. Escuchaba cómo otras chicas contaban sus historias, pero la suya era diferente… Hasta que una de ellas, muy jovencita, casi una niña, contó cómo la trataba su novio cuando empezaron a salir y la veía comer. Contó cómo le hacía burla, cómo le cogía las “lorzas” y cómo la comparaba con otras chicas. Luego empezó a relatar cómo él se fue volviendo más y más violento con ella y cómo pasó de la broma al insulto.

Úrsula sintió mucha pena por aquella niña. Su novio claramente era una mala persona y ella no merecía aquello. Entonces la niña dijo “El otro día se enfadó porque me reí de un chiste que contó un amigo suyo y se estuvo riendo de mi forma de reír durante días y, aunque ser reía, se veía claramente su enfado. No pude volver a hablar con su amigo. Tampoco volver a reírme.”

Todo el grupo la apoyó. Entre todas le querían hacer ver que él la estaba manipulando… Pero Úrsula solo pudo pedirle que contase más cosas. Ella, sin entender nada, le contó un montón de anécdotas que le parecían fatal, le horrorizaba pensar que aquella niña soportase aquello, pero era exactamente lo mismo que ella llevaba 9 años aguantando.

Se quedó ingresada dos meses completos. Salió sintiéndose mucho mejor. Cuando llegó a casa Pablo no estaba ni vestido. No dio aprecio alguno a que estuviese mejor, a que ese fuera el día de su alta, a que llevasen dos meses sin verse. Pero lo primero que hizo fue bromear sobre que al fin se le veía algo de carne sobre los huesos, que al menos tendría por dónde agarrarla. Ella se sintió mal, como siempre, pero recordó lo que sentía cuando oía hablar a aquella niña… No se rio. No se encogió y tampoco consintió. Simplemente se hizo una maleta y se fue de allí.

Fue muy duro salir de aquella relación. Le costó años salir adelante sin culpa y todavía hoy, que han pasado casi 10 años, lucha por su autoestima. Pero sabe que es fuerte, sabe que es válida y que nadie le debe hacer sentir mal. Y si alguien lo hace, distancia y terapia.

Desde fuera es muy sencillo opinar y decir “si consentía aquello es que le gustaba”, “si ella estaba de acuerdo no tiene de qué quejarse ahora”, pero no somos conscientes del tejemaneje que hay detrás, de lo hundidas que pueden estar y de las repercusiones a largo plazo que puede tener estar con alguien así.

Ella hoy en día pelea cada día con la comida, pero sale adelante como puede. Con el apoyo y cariño de quienes siempre la quisieron de verdad.

(Relato escrito a petición de la hermana de Úrsula).

 

 

Escrito por Luna Purple, basado en una historia real.

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