Después de toda la vida con mi amiga, me he dado cuenta de todas las inseguridades que me ha creado

 

Tengo varias amigas de toda la vida, de esas que conoces desde niña, y una de ellas es mi amiga Isa. Isa y yo siempre hemos sido inseparables. Hemos pasado tantos ratos juntas, que llegábamos a pasar horas y horas muertas, sin nada que hacer. En las que simplemente nos sentábamos en un banco, mirábamos a la gente pasar, y hablábamos mucho.

Siempre he sentido que Isa es muy buena persona, es una amiga entregada, siempre está dispuesta a echarme un cable con cualquier cosa, y además es una amiga que me quiere mucho y que me quiere tal y como soy.

Pasamos la pandemia en ciudades diferentes por lo que estuvimos mucho tiempo sin vernos. Un día organizamos todas las amigas una comida al aire libre, teníamos muchas ganas de vernos pues habíamos pasado mucho tiempo separadas. Isa al verme, lo primero que me dijo fue “anda, pero si te veo físicamente muy bien, esperaba que hubieras engordado un montón después de haber pasado tanto tiempo en casa”. Ahí yo me sentí un poco descolocada y no supe muy bien qué es lo que se supone que tenía que contestar. Si lo que me estaba diciendo me estaba sentando bien o mal, o si era un halago o más bien un insulto. Simplemente me quedé bloqueada y no dije nada, ni yo ni ninguna de mis amigas allí presentes.

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Nuestra amiga Sara llegó un poco más tarde, y según se acercaba nos dijo Isa en bajo “joder, Sara está asquerosa”, a lo que yo le contesté un poco mal y me volvió a repetir “¿pero es que no ves que se ha quedado asquerosa?, está excesivamente delgada”. Sara llegó e Isa le sonrió como la que más, le dijo que era una alegría verla, y que estaba super emocionada.

Me hizo mucha ilusión comer con mis amigas, estuvimos charlando y contándonos cosas muy emocionadas, aunque de vez en cuando no paraba de resonar en mi cabeza la palabra ‘asquerosa’.

Tras pasar unas horas, algunas de nuestras amigas se fueron a casa y quedamos un pequeño grupo más reducido, entre ellas seguía Isa. Volvió a repetir de nuevo lo asquerosa que estaba Sara, y a raíz de ahí, durante unas 2 horas todas las conversaciones giraron en torno a nuestras amigas que se acababan de ir, con críticas hacia sus físicos, sus relaciones, sus formas de ser, y todo lo que alguien se pueda imaginar, y todas esas conversaciones estaban normalmente lideradas por Isa. Me descolocaron mucho aquellos temas y básicamente estuve casi todo el rato callada y cuando contestaba algo en contra, Isa me miraba mal y me desaprobaba. Dejando muy claro que yo no tenía razón.

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Me fui a casa con mucho malestar, todos esos temas de conversación me habían dejado revuelta, inquieta y con muy mal sabor de boca. Empecé a recapacitar y a echar la vista atrás. Me empecé a dar cuenta de que nuestra relación de amistad se había sustentado durante muchos años en hablar de otras personas a sus espaldas. El parón de la pandemia me había mantenido lejos de ese estilo de amistad y la vuelta me sentó como un jarro de agua fría.

Poco a poco, tirando del hilo de mi memoria, empecé a recordar frases y comentarios que Isa solía hacer sobre mis amigas. Que aparte de parecerme mal que se hablara de ellas a sus espaldas, me estaban afectando a mi directamente.

Isa decía que como Pilar se depilara las cejas, nunca le volverían a crecer. ¿Qué hice yo? no volverme a depilar las cejas nunca más.

Isa siempre decía que Rocío tenía las piernas muy blancas en verano y que así le quedaban muy feas. Y ahí estaba yo, que más que española parezco lituana, rubia, ojos azules y blanca, muy blanca. Pues oye que he estado pasando verano tras verano con pantalón largo, asándome como un pollo.

Es que, además, cuando ella decía las cosas, no es que las dijera una sola vez, no. Lo mismo las decía 3 o 4 veces al día, y te resonaban continuamente en la cabeza.

Y así con un sinfín de cosas, que si yo pudiera volver y explicarle a mi yo de 14 años que era preciosa y que da igual lo que dijera la maldita Isa, hubiera sido infinitamente más feliz y hubiera pasado una adolescencia con una relación mucho mejor con mi cuerpo. Eso sí, a mi yo de hoy, le digo que, aunque haya sido una de las personas más importantes de su vida, no merece la pena estar con alguien que basa sus relaciones en criticar a las personas por detrás, y encima hablar constantemente cosas malas sobre su físico, creándoles inseguridades, porque duele.

 

Mérida