Recientemente conocí una historia de amor que se murió porque Marcela y Marcos no tenían los mismos objetivos ni prioridades en su cartera. Ella quería comprarse un piso y una boda de reina y él quería viajar por el mundo y ser minimalista. Se quisieron cinco años, y no, nunca hablaron de dinero. ¡Cuando la hipoteca entró en casa, el amor saltó por la ventana! Fin del cuento.
El dicho popular “No es oro todo lo que reluce” bien se podría aplicar a las relaciones modernas de hoy en día. En un mundo movido por Instagramers, #travelers, #foodporn de restaurantes de comida bonita ¿Nos preguntamos lo suficiente sobre la educación financiera de nuestro enamorado/a?
Cuando una está inmersa en la fase de conquista, las primeras citas y encuentros sexuales, hablar de dinero es anti-erótico, casi una “red flag” impepinable. Es más, a muchas mujeres les suele atraer el “bohemio”, el que siempre va sexy con poco, el que abre la nevera en tu casa y ya va cenado, el que fluye y camina con arte con las mismas sandalias desgastadas de hace diez veranos (así las llevaba Marcos, según Marcela). Muchas mujeres temen hablar de dinero por el estereotipo de “mujer aprovechada” que aún existe en nuestra sociedad, ¿la visualizas? – la mantenida, la que vive del hombre, la interesada, la malvada, la falsa. Entonces, las defensoras de la igualdad, las que queremos demostrar nuestra fuerza e ímpetu vital, nos hemos centrado en aportar sin preguntar, arriesgando en muchas ocasiones nuestro tiempo y nuestra estabilidad futura.
Entonces conocí a las mujeres que si hablan de dinero antes de casarse. Lucía y Marga coincidían en que uno de los motivos más frecuentes del divorcio, ¡es el dinero! Lucía y Marga eran muy distintas. Lucía tenía un matrimonio en gananciales “más tradicional” en dónde ella se dedicaba a la literatura y cuidar a sus hijos y Marga tenía un régimen de separación de bienes absoluto. Ambas tenían cosas en común, matrimonios felices (¡con cicatrices, por supuesto!), libertad para decidir y dinero para sus propios zapatos. Parece ser que las mujeres que si hablan de dinero antes de casarse y se arriesgan a poner el tema anti-libido encima de la mesa, establecen ciertos límites para no quedar a merced del control o decisión masculina. No pagan las deudas de sus maridos, ni piden permiso para cubrir sus necesidades (¡0lé!).
Ese día pensé que hubiese sido genial para Marcela tomar un cafecito con Lucía y Marga para hablar de dinero y enamoramiento. Porque querida, lo que de verdad tenemos de gran valor es nuestro tiempo ¡disfruta y haz una buena inversión!
