De pequeña siempre era esa amiga a la que no le puedes contar nada porque se va de la boca. Durante toda mi vida me ha costado retener las ideas de mi cabeza sin compartirlas con el mundo, quizá por eso escribo. Todo cambió cuando me di cuenta de que ya no estaba enamorada de mi ex. No conté a nadie absolutamente nada, ni nuestros problemas, ni como me trataba, ni las ganas que tenía de dejarlo porque ya no le amaba. Durante meses permanecí en stand by. No era capaz si quiera de escribirlo por aquí porque sabía que cuando lo plasmase en un artículo no habría vuelta atrás.
Un día encontré valor y llamé a mi madre. Ella me dijo que por primera vez en mucho tiempo debía ser egoísta y mirar por mí. Le hice caso, hablé con mi ex, preparé las maletas y me fui a mi ciudad durante unas semanas. Comenzó mi nueva vida.
Cuando lo dejas con alguien sucede como cuando se te muere un abuelo. Todo el mundo te escribe. Algunos se quedan en el educado “lo siento, si necesitas cualquier cosa aquí estoy”, aunque sabes perfectamente que nunca hablaréis del tema. Otros cruzan el límite y te preguntan el por qué.
“¿Había terceras personas?”
“¿Pero por qué no le querías?”
“Es que ha sido todo tan repentino… No lo entiendo.”

¿Tan repentino? Si yo os contará… Pero no puedo y tampoco quiero. Los motivos de mi ruptura solo me atañen a mí y a mi expareja. El problema llegó cuando mi ex empezó a contar una versión falsa: que le había dejado por otro.
No os imagináis la impotencia que sentí al enterarme de que él iba mintiendo y que yo durante meses había callado todas sus mierdas para no dejarle en mal lugar. Y lo que más me dolió fue saber que “amigos” en común se habían creído su versión sin ni siquiera preguntarme. Y en ese mar de ansiedad y decepción llegó la conversación que más tocada me dejó.
Una amiga en común me echó en cara no haber sido sincera con él. Le dije que yo jamás había mentido y me dijo “pues entonces dime la verdad, dime por qué lo dejasteis”. La opción fácil habría sido responder que llevábamos sin follar meses, que no me tocaba, que se avergonzaba de mí, que me había anulado como persona. Habría soltado ese párrafo y ella lo habría entendido todo. No quise hacerlo y sigo sin quererlo.
Las personas que te quieren no te van a pedir explicaciones ni van a presuponer cosas sobre ti por el simple hecho de que quieras mantener tu intimidad y privacidad. Te respetarán, te darán tu tiempo y cuando estés preparada te creerán. Será en ese momento cuando te des cuenta de quienes son tus amigos y quienes no. No te mentiré, te va a doler, pero merecerá la pena.