Carla y Milagros se conocieron a través de las redes sociales. A pesar de una gran diferencia de edad entre ellas, tenían mucho en común y se habían encontrado gracias a un grupo en redes sociales donde la gente compartía sus trabajos a crochet. Carla hacía amigurumis desde hacía un par de años. Milagros hacía más bien ropa y complementos, pero ambas dedicaban todo su tiempo libre a esa actividad.

Carla pasaba por un momento complicado; tras la muerte de su padre y terminar su contrato en un supermercado conocido por no hacer contratos fijos casi nunca, entró en depresión y su marido le fue infiel, justificando que ella se había vuelto triste y aburrida. Ya había pasado bastante tiempo de aquello, ahora vivía sola y se mantenía perfectamente con el trabajo de sus manos. Tenía un trabajo fijo en una empresa de limpieza donde ganaba suficiente para vivir. No se podía permitir grandes lujos, pero no se podía quejar. Ahorraba un poquito cada mes ya que su único gasto no básico era el crochet.

Reconocía que retrasaba demasiado la compra de ropa o calzado para poder comprar hilo, broches, ganchillos… No era algo muy caro, pero ella consumía mucha cantidad y le gustaba que los resultados tuvieran cierta calidad. Compraba unos broches con forma de ojos que eran de una calidad superior, un hilo de algodón natural…

Mila, por su parte, vivía de una pensión que no le daba para casi nada, así que compraba todo el material para su hobby en AliExprees o en los bazares cercanos a su casa. No se quería complicar la vida porque los patrones online o las revistas de patrones eran muy caras para ella, así que hacía las cosas como sabía o mirando alguna cosa gratuita de internet. Vivía sola hacía años y solamente venía su nieto de vez en cuando a comer. Su hijo hacía años que no le hablaba y de su exmarido no supo nada desde que se separaron.

Encontraron ciertas cosas en común en sus situaciones. Ambas pasaban procesos emocionales difíciles y se refugiaban en las agujas e hilos para salir adelante. Hacían videollamadas a diario mientras creaban sus obras.

Carla le recomendaba tiendas relativamente económicas a Mila y a veces hacían pedidos juntas para ahorrar gastos de envío, ya que entre ellas podían hacerse después un único envío con todo lo comprado en varias semanas pagando mucho menos.

Carla le decía que no se preocupase, que ella podía adelantarle el pago a veces, pues las cosas que compraban no eran caras en exceso y ella tenía ahorros. Sabiendo que se lo devolvería, no le importaba adelantarle el dinero un tiempo.

No sabe en qué momento acumuló una deuda tan grande. Como poco a poco le iba devolviendo algo, no notaba que el mes que le devolvía 50 euros, le pedía 200.

Cada tarde pasaban horas contándose sus vidas y sus preocupaciones. Eran casi ya imprescindibles la una para la otra. Cuando Carla, muerta de la vergüenza, le dijo una tarde que no podía pedirle las lanitas de angora que le había encargado. Se había quedado sin ahorros y ese mes debía llevar el coche al taller para poder ir a trabajar y no podía pagar el arreglo con su sueldo. Le pidió que por favor le diese lo que necesitaba para el arreglo y Milagros le dijo que contase con ello, que llevase el coche al taller tranquila que juntaría ella el dinero para pagarlo.

Durante los días que el coche estuvo en el taller, la vida de Carla fue un auténtico caos de autobuses y favores de compañeras para llegar a todos los sitios donde debía ir a limpiar.

Llamaron del taller, debía pagar 400 euros, 100 más de lo que contaba en un principio. Llamó a Mila preocupada, pues debía pagar para poder sacar el coche del taller y lo necesitaba para trabajar. En su cuenta quedaba poco dinero para acabar el mes, pero Milagros le debía ya una cantidad con más cifras de lo que debería y sería lógico. Mila le dijo que esa tarde le enviaría el dinero mientras charlaban como siempre.

Cuando llegó a casa y quiso llamar a Mila algo falló. Creyó que era la conexión. Pero tras un rato llamando por todos los medios (llamada telefónica, por WhatsApp, por Facebook…) se percató de que Mila la había bloqueado en todas partes.

No se lo podía creer. Llevaban ya más de dos años siendo las mejores amigas la una de la otra. Se habían contado la vida la una a la otra, eran el gran apoyo que ambas necesitaban. ¿Cómo podía ser que un tema económico terminase con todo aquello?

Por un momento se sintió culpable. Si no le hubiese reclamado e dinero no la hubiese perdido como amiga…

Carla tuvo que malvender sus obras de arte hechas con hilo y todas sus herramientas para poder sacar el coche del taller.

Se sintió más sola que nunca y más traicionada aún que cuando su ex la dejó. Cerró todas sus redes sociales, pero hace poco abrió una cuenta nueva con un nombre inventado. En su antiguo grupo de crochet pudo encontrar a Milagros, que publicaba cada día sus preciosos amigurumis que (supuestamente) había aprendido sola a hacer y explicaba que solamente trabajaba con materiales de alta calidad, pues no concebía otra cosa hoy en día.

La depresión le llevó a Carla a perder su trabajo. Malvive con lo que le da una familiar lejana y, tras varios episodios graves de ansiedad y un intento de perder la vida, está intentado salir adelante y coger fuerzas. Aunque sabe que jamás se hará justicia, pues su vieja amiga es ahora un referente en el grupo de Facebook y ella no tiene forma de reclamar su dinero.

 

 

Escrito por Luna Purple, basado en una historia real.

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