Antes de contaros una historia totalmente verídica debo poneros en situación para que comprendáis todo. Hace unos años, tuve mi primera relación formal. No era mi primer amor, pero si la primera persona con la que me imaginé pasando mi vida. Después han venido muchos otros, para que engañaros. La relación era muy bonita, sana fundamentalmente e iba viento en popa. Solo había un pequeño problema: SU HERMANA MAYOR. 

Siempre ha sido un cliché el que la suegra fuera la persona que podía entrometerse en la relación. Por eso del amor madre-hijo. Y el que ninguna mujer fuera lo suficientemente buena.  Siglo XXI, ven a nosotros. Pero en mi caso particular,  yo adoraba a mi «suegra» y ella parecía adorarme a mí.

Pero no tragaba a mi cuñada. Y, de verdad, me vais a entender ahora cuando digo que era la persona más entrometida y cruel que ha pasado por mi vida. Mi novio y ella se sacaban diez años. Desde el principio, sabía que tenían muy buena relación. Lo que me encantaba porque, para mí, lo más importante es la familia. Por eso era a la primera a la que quería conocer. Y ¿por qué no decirlo? Causarle una buena impresión.

El día ese fue el comienzo del fin. Quedamos en una cafetería cerca de su casa y lo primero que hizo al verme fue mirarme de arriba a abajo, analizándome. Lo que me hizo sentir MUY INCÓMODA. Pero lo dejé pasar. Después le dijo a mi chico con cara de asco » ah, no me imaginé que fuera así».  Sin decir  más que «hola, encantada». ¿ Físico? ¿ Forma de vestir? ¿ De sonreír? ¿ De respirar? Nunca lo supe.  Lo dejé pasar también, serían imaginaciones mías, pensé.  Me hubiera gustado decirme a mí misma «huye cariño, no la dejes entrar en vuestras vidas».  

El resto de la quedada fue aún peor. No me dejaba hablar, sólo hablaba con su hermano como si yo no existiera, centralizaba toda la conversación en sí misma…  Y, mi yo jovencita-que-le-importa-lo-que-piensen-los-demás ,intentaba buscar continuamente en ella una aprobación que nunca llegó. Risto, a su lado, un dulce angelito.

Estaba celosa de mí porque , y pongámonos dramáticas, su hermano era SUYO. Y ninguna perra arpía podía estar en su vida para quitarle su atención. Parecía, de verdad, que quería ser el amor de su vida. No sé cuál es el nombre de este Complejo, pero podía ser perfectamente el de mi ex cuñada 

Lo hablé con el que era mi novio. Pero me dijo que cómo podía insinuar cosas así que su hermana era la mejor, que solo quería lo mejor para él y que bla bla…  En fin, tras varias citas del estilo, decidí separar mi relación de su hermana.  Y os voy avisando, fue misión imposible.  Intenté evitarla, hablar con o de ella  con mi chico, no coincidir…. pero, parecía DIOS. O satán, no estoy muy segura de con quién compararla. Malmetía, me ninguneaba, me trataba mal… y mi ex novio… no lo veía. ¿ O no lo quería ver? Quién sabe. Lo que siempre supe, es que, si tenía que elegir entre alguna, yo ya podía ir haciendo mis maletas.

Pero no acaba aquí. Cuando nos fuimos a vivir juntos, TODO EMPEORÓ. Estaba SIEMPRE en casa. Criticaba la decoración y siempre decía lo mismo: ¿ No os huele mal? ¿habéis limpiado?.  Lo repetía tantas veces que me obsesioné de más con la limpieza. Mandaba a toda mi familia y amigos a oler mi casa, como si fuera lo más normal. Y SOLO LO OLÍA ELLA. Que ya vendría del pozo de mierda de su persona, también os digo.

[email protected], os juro, que con ella tuve los peores pensamientos. Que la virgen me perdone, porque si pensar fuera delito… estaba ya en cadena perpetua. Pero todo estalló UN SEIS DE ENERO. DÍA DE REYES, MAGIA Y FELICIDAD. Je je y je.

Mi novio invitó a su hermana a comer roscón y chocolate. Yo le pedí no estar. Podía haberme ido hasta China. Pero él me dijo: » no seas tonta si me ha dicho que te ha comprado algo». OK LAS PERSONAS CAMBIAN.  Yo no tenía nada comprado pero ya se lo compensaría. Pues bien, vino, me pareció que estaba más simpática. Yo dejé de estar tan tensa. Hasta que llegó la hora de dar los regalos. Ellos se intercambiaron el suyo. Mi novio, con todo su buen hacer, le dijo que el suyo era de parte de los dos.  A él le dio una bolsa de no se qué que parecía ropa y a mí un paquete que parecía un bote. Pensé que era un kit o algo del estilo.

Pero no amigas. ERA UN AMBIENTADOR DEL MERCADONA. Sí, si, de cerezas, increíble, maravilloso. Pero me REGALÓ UN PUTO AMBIENTADOR.  Pero lo peor fue la sonrisa de mala que puso. ¿ Os imagináis a Jaffar? Pues eso.

Aunque por dentro me sentía arder, le di las gracias, me levanté y fui a la cocina. Cogí unos trapos que tenía del Primark (preciosos) y  los envolví en papel de aluminio. Lo que tenía a mano.  Respiré hondo, aunque no me acuerdo si dejé de respirar por el enfado, y se los di diciendo:

«Ya que te pasas todo el puto día aquí, por lo menos limpia lo que dices que huele mal. Igual te los tienes que pasar por la lengua viperina esa que tienes»

Su cara, un poema. La de mi novio, un poemario. La mía, satisfecha. Lo de después no es importante. Se hizo la víctima con mi novio. Este me dijo que la pidiera perdón. Y yo le moví la mano al despedirme y continué comiendo el roscón.