No consigo comprender por qué la novela romántica está tan denostada en ciertos círculos. Son vivencias humanas muy universales que de una manera o de otra hemos vivido todos. Todos tenemos como mínimo una alguna historia de amor o desamor, yo al menos no conozco a nadie que jamás en su vida haya tenido un sentimiento romántico por otra persona. Por eso considero un don maravilloso eso de poner en palabras algo que todos hemos podido experimentar o vivir y vernos reflejados en ello. Sentirlo de nuevo a través de las palabras de otra persona es otro nivel. Porque tú lo has sentido… pero no lo has escrito. Ni vives en la piel de nadie como para saber si los demás sienten las cosas como tú. Por eso cuando lees algo que tú mismo has sentido, a mí me parece flipante.
Y en eso, Elisabet Benavent es una diosa, la fucking master. Me da rabia el cierto prejuicio que existe alrededor del género que escribe, porque la tía lo hace con una maestría increíble y lo borda. Y los datos están ahí, vende millones de ejemplares, es una de las escritoras españolas de más éxito y esto es incontestable, digan lo que digan los envidiosos.
¿Por qué debe parecer un género más “serio” la novela histórica, o la de suspense? No entiendo por qué parece que, por el contrario, a quien le gusta la literatura romántica contemporánea tiene que tener un perfil, para empezar, femenino (error), y para seguir, ser una tía pastelosa de cuidado (error otra vez) y menos culta. Me parece un género tan digno e interesante como cualquier otro y de hecho me remueve mucho más que una novela de crímenes, por poner un ejemplo. Y como a mí, a todos sus seguidores, que no son precisamente pocos, sino millones. Los números están ahí.
Yo ya la amaba de antes, pero tuve la suerte de conocerla en persona en una firma de libros y me terminó de robar el corazón para siempre. Es una tía sencilla, humilde, súper cercana y muy simpática. Estuvo dando una entrevista en la que se pudo apreciar su naturalidad y espontaneidad, y después, a la hora de firmar los cientos de ejemplares de todos y todas los que allí nos congregábamos (porque sí, había también muchísimos hombres) nos firmó a cada uno con una paciencia infinita y la mejor de sus sonrisas, tomándose todo el tiempo que fuese necesario con cada persona que se le acercaba. Se hizo fotos con todos, estuvo muchas horas atendiéndonos.
Me parece un ingenio de tía como escritora pero en las distancias cortas me encantó, porque no pierde esa naturalidad que la hace tan humana. Estaba nerviosa, en la entrevista habló de que sigue sufriendo el síndrome del impostor y me resultó de los más tierno viniendo de una mujer de éxito como ella.
En fin señores, señoras y señoros también, hay que darse la oportunidad de leer a Elisabet y dejarse de tonterías, porque el día que probéis, creedme que repetiréis.
