Hoy en el iluminado de la semana que busca un minuto de gloria y lo consigue, tenemos al cocinero que cocina con mucha azúcar pero que odia que los demás se la coman. Pues sí, resulta que este señor llamado Txaber Allué  del cual yo no sabía de su existencia hasta este tuit, y que la verdad hubiera preferido seguir viviendo sin conocerle. Ha escrito esta sarta de tonterías y se ha quedado tan ancho. Juzguen ustedes mismos.

El señor tiene una web de recetas donde hay muchas que tienen bastantes más calorías de lo que se recomienda y bastante azúcar, pero claro si estas cosas se las come un flaco no pasa nada, lo importante es lo de fuera (aunque él nos quiera hacer creer que lo que le importa es lo de dentro). Pero si se las come un gordo al que le engorda hasta el aire, ahí ya tenemos un problemilla y de salud. Se te ve el plumero gordófobo, querido.

Entonces yo como gorda le voy a decir unas cuantas cosas a usted. No por mí, porque aunque no me conozca ya le digo que el tuit de alguien con el cociente intelectual bajito (justo para pasar el día) pues no me afecta. Sino por los miles de gordos a los que sí ha ofendido.

Usted no ha elegido nacer así, yo en cambio sí he elegido ser gorda, y claro lo mío lo puedo cambiar si algún día me apetece, usted lo de cambiarse el cerebro lo tiene difícil. Por eso como no estamos en igualdad de condiciones y yo no soy abusona, le voy a explicar las cosas como si se las explicara a un mono que no sabe distinguir el azul celeste del azul marino. Escuche atento,  y no se distraiga si pasa una mosca, inténtelo, usted puede.

Si hablamos de obesidad y de que los gordos deberían dejar de comer azúcar (los flacos usted  no los nombra, está claro que para usted ellos no comen.  Le perdono de nuevo por ese cociente) debería usted dirigirse a las multinacionales  y a los gobiernos que hacen que sea más barato comprar un paquete de berlinas que un kilo de plátanos. Que rebajan impuestos a las bebidas azucaradas,  que bombardean con anuncios de coca cola diciéndole a la sociedad que para ser feliz hay que beberla.  Que mcdonald´s se venda como comida familiar, y que haya muchas familias que sea el  único restaurante que se puedan permitir llevar a sus hijos porque sus sueldos precarios no les dan para más.

A esos debería dirigirse para que acaben con el exceso de azúcar que le ponen a todos los productos más económicos y que son los que una gran parte de la sociedad se puede permitir comprar. Lo que pasa es que aunque todos coman la misma cantidad de azúcar no a todos los cuerpos les sienta igual. Sé que esto es algo evidente, pero hay personas como usted, justitas, que no lo logran comprender, por eso se lo explico, en un acto de bondad por mi parte para que deje de hacer el ridículo cuando escribe.

Pero claro según usted eso solo es culpa de los gordos que se lo comen. ¡Si saben que les engorda que coman otras cosas, y ya! Es así de fácil, los únicos culpables son los consumidores. Los demás solo son pobres empresarios que quieren hacerse ricos. Tiene usted razón.

Y si quiere que hablemos de la sanidad y de lo que nos cuesta a todos. Hablemos. A usted le molesta pagar la mía porque soy gorda, y prefiere usarla para otras cosas. Le tranquilizaré contándole que como gorda y empresaria que soy, estoy  segura que pago muchísimos más impuestos que usted, por lo que pago más sanidad. Y como trabajo mucho no tengo tiempo de ir a la sanidad pública por lo que me pago una privada. Por lo tanto, con lo que yo pago pueden tratar a un montón de  gordos y también flacos, yo no hago diferencias. ¿Quién sabe si también estaré pagando la suya?

Una gran parte de los presupuestos de la sanidad van a curar e investigar enfermos de cáncer, entre ellos las mujeres con cáncer de mama, o los que padecen cáncer de pulmón. Supongo que usted al no tener tetas ni fumar tampoco estará de acuerdo en que gastemos dinero en curarlos ¿no?

No, no está de acuerdo, porque según usted comedores, bebedores y fumadores son responsables de su salud. Y nosotros no deberíamos hacernos responsables de ella ni mucho menos pagársela. ¿Qué deberíamos hacer con ellos? ¿Los metemos en una cámara de gas y los exterminamos? Y dejamos un mundo en el que solo hayan flacos, guapos y veganos. Yo iré a la cámara de gas pero usted querido quizás va conmigo si nos ponemos tan exquisitos.

Yo no he fumado jamás, pero no se me ocurre cuestionar si  gastan mi dinero en tratar fumadores, comedores o bebedores. Porque tienen el mismo derecho que usted y que yo aunque no fumemos, comamos (yo sí) o bebamos.   De hecho la sanidad debería ser un derecho de todos, de  los que pagamos mucho  y de los que no pueden pagarla.  Porque por su regla de tres entonces, ¿Los pobres que no pagan, deben morir sin ser atendidos? O ¿Los atendemos exclusivamente si comen bien, no fuman y no beben? A ver si me lo aclara.

Decir que las personas que no se cuidan (los gordos) y que son responsables totales de su enfermedad nos cuestan dinero a todos como si fueran pacientes de segunda a los que no hay que atender, me parece de las mayores barbaridades que he oído. Ah, no, que también ha dicho usted palabras textuales: «Sabemos que la obesidad y el sobrepeso están asociados a un bajo nivel educativo y una clase social desfavorecida». O sea que si a parte de gordos también son pobres e incultos, ¿Para qué van a vivir y encima hacer gasto?

Me gustaría saber si a mí como gorda con un nivel educativo alto y una clase social media me perdona la vida, por ser una excepción.

Pues mire, prefiero que usen mis impuestos para curar gente, que en rescatar bancos o mantener ladrones que nos gobiernan. Pero claro otra diferencia entre usted y yo es que debajo de mis capas de grasa provocadas por el azúcar, hay un corazón generoso.  Debajo de su piel sin nada de grasa no hay corazón, se ve que la falta de azúcar ha hecho que se le amargue.

Porque para señalar a todos los que comen, beben o fuman con una vara dictatorial, y desde la superioridad que cree usted que tiene sobre ellos, porque no saben controlar sus impulsos para parar, y usted sí, es de ser muy amargado, y permítame decirle que de un nivel moral bastante bajo.

Y otra cosa que me gustaría que pensara cuando vaya a escribir otra basura como esta, es que hay muchas personas con una autoestima muy baja, muchos adolescentes  con muchos problemas de aceptación, que no son gordos por elección, sino que son gordos porque tienen enfermedades, y a los que esos tuits les pueden hacer tanto daño que pueden llegar a hacer una tontería, o muchas, que también nos va a costar dinero a la sanidad que pagamos.  Y de esas va a ser más culpable usted y los que le aplauden como monitos de feria, que yo que soy gorda.

En resumen y por si tampoco tiene usted comprensión lectora, y es de los que solo se lee la última frase de los libros, es que mi gordura no hace daño a nadie ni siquiera a su bolsillo. Su maldad, crueldad y falta de empatía, sí. Hágaselo mirar con la sanidad que pago yo.