Trabajo poniendo copas y os podéis imaginar a la fauna con la que me cruzo cada día. Trabajar en la noche tiene estas cosas, y es que conoces a gente muy guay y muy educada y también a mucho animal suelto.

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Ahora mismo estoy en un pub de ambiente rock. Es curioso cómo cambiando el tipo de música, el tipo de público también varía. Es verdad que allí hay mucho heavy melenudo, pero he de decir que son súper educados y correctos, aunque beben cerveza y cubatas como quienes beben agua.

En este tipo de bares los clientes suelen ser los mismos, de manera que con el paso de los meses los vas conociendo y os puedo decir que tengo hasta amigos que han sido o que son clientes de los bares donde he trabajado.

La cosa es que cuando entré a currar aquí, conocí a un tipo bastante atractivo y que no tenía nada que ver con los melenudos vestidos de negro. Era de esa pandilla, pero en cambio un tío bastante arreglado y súper guapo. Vestido de camisa y vaqueros, aparentemente normal.  De entrada, me pareció algo tímido, pero con el paso del tiempo nos fuimos conociendo y la verdad es que el chaval, profesor de inglés en un instituto, molaba.

Empezamos a tontear hasta que un día al salir del bar me invitó a tomar algo y ya sabéis, una cosa llevó a la otra y acabé en su casa. No soy de irme con tíos de una noche porque me da miedo, pero a este chico sentía que lo conocía, llevábamos meses coincidiendo y hasta sabía en qué instituto daba clase.

En fin, que cuando llegamos a su casa, él, tímido como parecía siempre, empezó a besarme. Nos estuvimos un rato enrollando y me cogió de la mano y me llevó a su cuarto. Empezamos a desnudarnos y tal y a mi me extrañó que en el cabecero de la cama vi unas esposas enganchadas, pero tampoco me saltaron mucho las alarmas.

Cuando estaba ya la cosa candente empezó a decirme que él tenía gustos particulares pero que sólo me lo decía por si yo quería, pero que si no, tendríamos una relación normal y ya está. Yo creía que se refería a alguna cosa morbosa que le gustase, algún fetiche o así, y metida en el ajo como estaba, pues me vine arriba y le dije que allí estábamos para darlo todo.

El pavo se levanta de la cama y abre un armario y empieza a sacar chismes extraños que después caí en que eran utensilios para practicar sadomasoquismo. Yo no estoy muy puesta en esas cosas, pero el tío tenía fustas, cadenas, esposas, antifaces… Yo cuando vi eso, me horroricé y le dije que de qué palo iba, que creía que se había confundido conmigo. Me volvió a besar y me intentó convencer de que iría con mucho cuidado y que pondríamos una palabra de seguridad que significaba que si yo la pronunciaba en cualquier momento, pararía de inmediato. Por más que me intentó sutil y seductoramente vender aquella parafernalia, he de admitir que me dio mucho respeto todo aquello y le pedí recoger velas e irme.

Me pidió disculpas por romper la noche y me explicó que había entendido que yo estaba dispuesta a probar cosas. En todo momento lo respetó y hasta me quiso acompañar a mi casa, aunque le dije que no era necesario.

Y hasta aquí la noche más surrealista de toda mi vida con diferencia. Ese profesor de inglés tímido y con camisa es sadomaso, me explota la cabeza. Ahora me ve en el bar y se hace el escurridizo, y si os digo la verdad, yo también.

 

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