Nadie me mandó meterme en este problema, pero la verdad es que, muchas veces decimos que nunca haremos algo y después tenemos que tragarnos nuestras palabras.

Llevo 17 años con una pareja con la cual no puedo salir a la calle. Con la cual tengo que andar a escondidas como si fuésemos criminales. La culpa de todo esto es de los dos, él por prometer dejar a su mujer oficial y no hacerlo, y yo por aguantarlo. Parece fácil desde fuera, pero cuando quieres a alguien con toda tu alma, a veces prefieres quedarte con esas tristes migajas en espera de que un día se pueda vivir ese amor libremente. Siempre lo mejor está por llegar, siempre queda poco para ese momento de libertad tan ansiado, pero los años pasan rápido y casi no nos damos cuenta.

Lo conocí en el trabajo, nos enamoramos el día que nos conocimos. Él ya llevaba años con su mujer y tenía hijos, uno de ellos con un problema de salud importante. Por ese motivo, siempre se ha ido posponiendo la ruptura, cosa que yo entendí en aquel momento.

Él viajaba mucho por su profesión y se ha ido organizando durante estos 17 años para estar en mi casa conmigo equis días a la semana. Yo lo amo y él me ama a mí, de eso no tengo duda, porque lo siento y porque me lo ha demostrado casi a diario. Pero la salud de su hijo ha ido empeorando en este tiempo y nunca ha visto la oportunidad de divorciarse, o eso dice.

Yo al principio se lo compré, con el tiempo menos y ya me parece que debería estar más que superado, por lo que en los últimos años hemos tenido serios problemas por esto.

Recientemente ha fallecido mi padre, lo cual ha hecho crujir mi mundo y replantearme muchas cosas. El día del entierro apareció mi pareja con su mujer, a la cual conozco desde hace años con motivo de las cenas de empresa y por la supuesta “amistad” que nos une a su marido y a mí.

Allí estaba yo en pleno duelo y ellos como pareja. No me preguntéis por qué, porque realmente los había visto juntos en más ocasiones, pero me terminó de partir el corazón. Quizás fue aquel día, aquel momento tan difícil de por sí. O la gota que colmó el vaso, no lo sé. Lo único que sé es que de esto hace semana y media y que soy incapaz de cogerle el teléfono y de mirarlo a la cara.

Sólo sabe mandarme mensajes diciéndome que me ama, que soy la mujer de su vida, pero siento que esto se ha acabado, y no por falta de sentimientos, porque lo quiero con toda mi alma, sino porque ya no puedo más con esta situación y necesito oxígeno.

Ser “la otra” está mal visto, somos las malas del cuento. Lo que no se sabe desde fuera es el dolor tan tremendo que sufrimos también. La cierta vergüenza, la doble vida en la que aparentemente no tienes pareja y en la intimidad de tu casa haces bonitos planes de futuro con alguien que realmente no puede. Es todo como una ensoñación, un quiero y no puedo muy frustrante.

Al principio no había prisas, con 28 años y la vida en la boca no se miran las cosas con esa perspectiva. Ahora con 45 veo que he perdido los mejores años de mi vida escondida. Quise ser madre en su día, pero con tanta espera, también se pasó mi momento.

No puedo culparlo de todo porque yo acepté lo que me ofrecía, aunque fuera poco. Ahora sé que fue un tremendo error y que aunque he vivido cosas muy bonitas con él, todo esta espera, dolor y frustración, no ha merecido en absoluto la pena. Cuando vayas a vivir un amor, que éste se pueda gritar a los cuatro vientos.