Estás de vacaciones.

Te vas a algún lugar a descansar y a divertirte.

A comer cosas ricas.

A beber cerveza y tomar mojitos.

A tumbarte en una hamaca, toalla… a tumbarte, en general, al sol.

 

Esas son las vacaciones normales. Lo que la sociedad espera de ti y lo que tú ansías con tanta desesperación.

Pero la realidad es otra cuando tu cuerpo no es tu amigo. Cuando consideras que tú no puedes realizar esas mismas acciones sin más, porque para tu amiga Eugenia eso no significa nada, pero para ti cada uno de los puntos de esa lista se convierte en un desafío.

En una lucha contra ti misma.

Comer cosas ricas: Mientras que el resto no se corta en pedir todo tipo de alimentos calóricos, aperitivos y postres incluidos, tú no estás tranquila a nivel ni físico ni mental si haces eso. A nivel físico, porque sabes que si Eugenia come eso durante la semana que estáis de vacaciones, su cuerpo no lo va a dejar notar e incluso si sí, esos kilos de más desaparecerán en un periquete en cuanto vuelva a su rutina. No es tu caso. A nivel mental porque además, sientes las miradas de todos sobre ti, porque si te ven comer lo mismo que Eugenia, en tu caso, pensarán que ahora comprenden por qué no estás delgada, por qué tu cuerpo es como es.

Beber cerveza y tomar mojitos: Lo que para otros (para las Eugenias del mundo) es una acción tan natural de las vacaciones, esas cervezas diarias en una terraza al sol o ese mojito en el chiringuito de la playa, para ti son calorías que se añaden a una cuenta ya muy elevada. Envidias increíblemente a esas personas que pueden beber lo que quieran sin pensar que eso también engorda. Pero si pides un agua o un refresco sin azúcar, también te sientes mal porque se nota que lo haces porque… bueno, porque estás gorda.

Tumbarte al sol: Mientras las Eugenias son capaces de razonar que las vacaciones están para disfrutarlas, y pueden pasarse la semana entera vuelta y vuelta en la toalla, para ti nunca ha sido tan fácil. No eres capaz de pasarte un día entero tirada sin hacer nada porque tu mente te recuerda todo el rato que deberías estar moviéndote. Haciendo ejercicio, para seguir el plan de entrenamiento que si no cumples a rajatabla implica que estás vagueando, que te mereces el cuerpo que tienes. Haciendo más ejercicio para bajar toda esa comida extra. 

 

La cabeza de una persona que no está a gusto con su cuerpo no funciona como las demás.

Las vacaciones no son lo mismo para nosotras.

Y una parte enorme es, por supuesto, envidia. Envidia de lo que Eugenia puede hacer sin preocuparse, de que todo lo que a nosotras nos ahoga los pensamientos en su caso no ocupe ni un segundo de su tiempo.

De que pueda de verdad disfrutar sus vacaciones.

 

Nana