¡Qué duro es negarte tu propio instinto! Cuando el cuerpo te pide algo a gritos, pero tu Yo consciente y responsable te dice que debes seguir de largo. Supongo que no nos damos cuenta de cuánto de nuestra de vida dejamos sobre otras personas, cuánto nos desnudamos y qué riesgos conlleva exponerse así, hasta que esa persona resulta ser un fraude y te ves intentando componer tu vida, cruzando los dedos porque esa persona no utilice tus debilidades…

Yo viví hace un tiempo una situación en mi vida que me dejó totalmente arrollada. Es curioso porque consideraba esa ruptura como “Crónica de una muerte anunciada”, me fui preparando psicológicamente para el golpe y, cuando lo recibí, lo encajé con entereza. Llevaba tiempo viendo que Sonia, una de mis mejores amigas, podía no ser tan sincera como siempre habíamos dado por hecho. Es cierto que siempre vi cositas que me hacían pensar “si habla así de esta y de aquella, qué hará cuando yo no estoy”, pero ella me decía que hablaba así conmigo, en confianza, pero que jamás diría una palabra negativa de mí, pues siempre había sido su mayor apoyo, la persona que mejor la entiende y conoce… Lo malo fue saber que esta afirmación era la única verdad que había salido de su boca.

De pronto me veo apartada de mi grupo por un conflicto absurdo y veo la forma que tiene de manipular a todo el mundo para ser siempre víctima.  Retomo contacto con personas de nuestro pasado con las que acabamos muy mal y descubro que lleva toda la vida rajando de mi lo más grande. Contando historias íntimas mías totalmente fuera de contexto, distorsionadas, exageradas y dejándome en un lugar que está por debajo de la mierda.

Empiezo a poner en duda todo lo que me contó de ella misma, de su vida de víctima, de sus cosas como única no culpable de todas sus desgracias y… ¡Sorpresa! No había una sola verdad en su historia. Hablo con su familia (de la que ella se suponía que recibía malos tratos, con la que no tenía casi relación y jamás hablaba de sus cosas) y descubro que toda la historia de su infancia es mentira, nada de lo que había contado era verdad. Y, además, me cuentan lo reacios que estaban de hablar conmigo, ya que el concepto que tienen de mi es de una persona desequilibrada que vive entre basura, con unos niños desatendidos y que consume un montón de sustancias ilegales (no pienso ni siquiera explicar esta parte, simplemente diré que con las cosas que contó en su casa sobre mí, me dejó claro que está muy enferma, porque es imposible estando cuerda decir semejante cantidad de memeces). Es curioso cómo, no hablando con ellos más de lo imprescindible, ellos sabían la historia de mi vida (la real y la que Sonia se había inventado).

Hace casi un año, en uno de mis artículos, conté cómo había manipulado a una de nuestras amigas y… Ésta dejó de hablarme. Porque Sonia siempre es la víctima y no se le puede juzgar, porque siempre queda por encima de todo. Entonces fui sincera y conté todo lo que sabía, pero nadie me escuchó.

Teníamos otra amiga en común, llamémosla Blanca, de la que ciertamente jamás le oí decir nada grave, y así se lo hice saber. Si mi intención fuera joderla a toda costa, me inventaría algo, pero yo no soy así. Yo no soy ella. Pero el tiempo ha pasado y los acontecimientos se fueron sucediendo unos a los otros… Este nuevo contacto con su familia me trae un montón de noticias sobre Blanca. Sonia ha contado en su casa a esas personas con las que decía no hablar, toda la vida privada de Blanca. Ha enseñado fotos de su casa, de sus armarios de “compradora compulsiva de ropa”, de sus caprichos de niña pija… Y les ha contado su historia familiar (una vez más, la real y la inventada) y sus intimidades de pareja. Yo escucho atónita todo lo que esa gente sabe sobre Blanca sabiendo que la única persona que pudo contarles todo aquello es Sonia. Pero hay cosas que no me encajan. Ellos me hablan de que Blanca ha vuelto con su ex pero no quiere que nadie lo sepa, me cuentan incluso cómo se acostaron por primera vez tras la traumática ruptura. Pero eso no puede ser, pienso que será una más de las mentiras de Sonia.

De pronto un día me cruzo de casualidad con Blanca y… con su ex. Juntos, como una pareja feliz. Me lleva aparte y me cuenta que han vuelto hace un tiempo pero que no está preparada para que lo sepa todo el mundo. Y yo, temblando, le digo que ya hablaremos.

Llego a mi casa y hablo con mi marido sobre qué debo hacer. Ahora sé que Sonia ha aireado las intimidades de Blanca, que ella sabía cosas de las que yo no tenía ni idea, sin embargo, se las ha contado a mucha gente más, emitiendo su propio juicio de valor. Les ha contado cómo gasta su dinero y el de su familia, cómo se encapricha como una niña pequeña, cómo es capaz de todo por amor y admite cosas que no debería porque solo le importa estar en pareja… Y Blanca sigue defendiendo a la pobre Sonia, víctima de todo, de su familia, de sus compañeras de trabajo, de su propia hija y ahora, por supuesto, mía.

Mi instinto fue llamar a Blanca para decirle lo que sabía, le pedí vernos pronto y ella me dio largas. Por el camino vi todo lo que yo había sufrido en este proceso, lo sola que Blanca y la otra chica me habían dejado, cómo me habían puesto en duda. A mí me costó mucho más de lo que me gusta admitir salir de esa mierda, nadie me ayudó y no dudaron en juzgarme. ¿Debía yo ahora poner en riesgo de nuevo mi paz mental por ayudar a quien me dio la espalda? ¿Qué pasaría si nuevamente Sonia sabe darle la vuelta y culparme a mí? Sinceramente Sonia es una persona que me da miedo, pues he visto cómo es capaz de meter en grave problemas a mucha gente sin despeinarse y yo, de verdad os lo digo, no quiero saber nada. No creo que Blanca merezca todo lo que está recibiendo sin saberlo, pero no quiero perturbar de nuevo mi salud mental y menos por quien no se preocupó por mí en su momento. Tendrá que descubrir las cosas como lo hice yo, de golpe y de forma dolorosa, e igual así al fin se da cuenta de que tiene metida en su propia casa un veneno con difícil antídoto.

Luna Purple.

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