A veces el peor enemigo de una misma es una misma. Y yo, que me creía sin prejuicios y abierta de mente, casi complico todo por tonterías en mi cabeza.

Cuando llevábamos unos meses juntos, mi chico me dijo que me quería presentar a uno de sus grupos de amigos.

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Él y yo nos conocimos de fiesta. Parecía el típico lío de una noche, pero al día siguiente me estaba escribiendo proponiéndome quedar. Nadie hubiera apostado por una historia con ese comienzo, pero puede que sea el hombre de mi vida. 

Casualidades imposibles: durante la primera cita de día, descubrimos que los dos somos ingenieros mecánicos, que trabajamos en el mundo ferroviario y que teníamos un punto friki.

Y todo fue fácil, no jugaba conmigo, no había estrategias, simplemente nos gustábamos. Así que cuando me quería presentar a sus amigos, todo parecía natural y, evidentemente, me encantó la idea.

Camino de la casa de sus amigos le pregunté detalles sobre ellos. Resulta que eran tres parejas y un amigo soltero. Los cuatro chicos ingenieros, las tres chicas enfermeras. Me dijo que empezó por una pareja y ellos presentaron al resto. Todos llevan ya varios años juntos y para él, tanto ellos como ellas son sus amigos.

Nada más llegar, cuando todavía nos estábamos presentando, uno de ellos dijo: «por fin una mujer con la que podemos hablar». Me sentó fatal la frase, pero sonreí. Vi el gesto de ellas torcerse y ya me sentí fuera de lugar.

 

Pasé toda la comida intentando encajar. Pero parecía que no había hueco para mí. Ellos, hablando de trabajo sin darme oportunidad de entrar. Ellas hablando también de trabajo y yo no tenía nada que decir. Mi chico no se daba cuenta de la situación y yo me sentía perdida. Por supuesto, también había conversaciones de todos juntos, pero yo estaba ya tan preocupada por no encajar, que los nervios hicieron que casi ni hablara.

Volví desanimada a casa; de camino se lo dije a mi chico y me dijo que no me preocupara, que eran todos muy majos y ya me integraría.

Pues toda la seguridad que siempre he dicho que tenía, se me vino abajo. Me entraron mil miedos y le empecé a dar muchas vueltas. Tengo amigas y amigos de muchas profesiones, pero no veía manera de encajar con los amigos de mi chico y me preocupaba demasiado. Sabía que no era el fin del mundo y que si no acababan siendo mis amigos no pasaba nada, pero quería integrarme. Mi chico estaba haciendo que la relación fuera fácil, cuando yo no soy la persona más fácil, y sentía que lo mínimo era formar parte de su grupo de amigos.

La siguiente quedada fue horrible. Una de las chicas estaba mala y, nada más llegar, estaban comentando tratamientos y medicamentos y ya me sentí excluida. Y no conseguí remontar el resto de la noche. 

Se lo seguí diciendo a mi pareja y seguía quitándole importancia.

Una de las parejas nos propuso irnos de fin de semana juntos y entré en pánico. Me daban ganas de estudiar cosas de enfermería por Internet (como si se pudiera estudiar en una tarde…) pero evidentemente sabía que era una tontería. 

Aceptamos el plan y, sorpresa (para mí, mis amigas siempre lo vieron claro), salió muy bien. La chica resultó ser un encanto y, por supuesto, es mucho más que una enfermera (igual que yo no solo soy una ingeniera). Él también muy agradable y pasamos los cuatro el fin de semana hablando de mil temas, compartiendo algunos gustos y otros no y, sobre todo, pasándolo bien. 

Al siguiente plan de todos ya fui mucho más relajada y, claro, todo fue más fácil. Hablé con todos, empecé a conocerles, dejé que me conocieran y me sentí integrada. Con algunos congenio más, con otros menos, lo importante es que con todos me llevo bien.

Y lo mejor de todo: las tres chicas van a ir a mi despedida de soltera. ¡Síiiiii!, ¡mi historia que empezó con una noche, termina en boda!

Y ya que hablamos de planes en grupo, cuando toca organizar un viaje con amigos o incluso asistir a bodas fuera de tu ciudad, lo ideal es coordinar bien los traslados. Para evitar mil coches y horarios descoordinados, muchas veces optamos por un servicio privado de transporte 8rental, que ofrece opciones de bus y minibús para grupos para que todos lleguen juntos y sin estrés. Así, la parte logística no arruina ni el viaje ni la celebración.