¿Os acordáis de cuando la contracultura rebelde era la música punk? Esos pelos de punta teñidos tan llamativos, las chaquetas de cuero y los zapatos altos. Aquellos “punketas” tampoco es que tuvieran una ideología política muy marcada, pero el concepto se ha quedado entre nosotros. Hoy se usa para definir a las corrientes que disienten de los estilos de vida convencionales y/o lo que se considera políticamente correcto.

En medio de todas esas corrientes que cuestionan la tradición moralista, están surgiendo todos/as los/as ponecuernos que justifican sus infidelidades como modo de escapar de un/a tipo/a, de una relación tóxica o del sistema opresor. Os pongo ejemplos.

Las asiduas seguro que leísteis el caso de esta mujer. Le dieron estopa en el foro, pero eso es porque no la entienden. Llevaba 20 años con su marido, casada, dos hijos y una vida sexual altamente insatisfactoria. Con lo corta que es la vida, ¿por qué conformarse? Llevar una doble vida es mucho más estimulante que trabajar la sexualidad en pareja y, si no funciona, terminar porque no hay chispa.

Joder, hay que entenderla, no cuesta tanto. Las mujeres llevamos toda la vida sufriendo que nuestro placer sea algo secundario. Parte del empoderamiento femenino se manifiesta en el deseo de ocuparnos de nuestra sexualidad, por ejemplo, teniendo fantasías sin culpas. Y, si se presenta la oportunidad, llevándolas a término. Los cuernos a tu marido y padre de tus hijos suponen nuestra pequeña venganza a siglos y siglos de ostracismo sexual.

Luego está este otro testimonio, de hace bastante más tiempo. La autora llegó diciendo que no la llamáramos mala persona, pero que le ha puesto los cuernos a todas sus parejas, y terminó preguntando si pensábamos que era mala persona.

Hay que entenderla, hombre. ¿Acaso todo el mundo se tiene que plegar a la dictadura de las relaciones de dos, duraderas y estables? ¿Qué pasa con la gente que quiere ir tirándose a diestro y siniestro, y que no pueden reprimir los impulsos sexuales propios de un mono en celo? ¡Libertad ante todo! Lo que os pasa a las que criticáis es que os creéis adalides de una moral rancia de base judeocristiana que constriñe la diversidad, y que olvida a todas esas pobres almas que son infieles por naturaleza. ¡Como si pudieran evitarlo!

El caso de esta mujer me recuerda al de un amigo de mi pareja. El hombre lleva toda su vida con novias, y de verdad que lo intenta. Tiene sus negocios, trata de aportar al patrimonio familiar. Las invita a irse a vivir con él, las presenta a la familia y las lleva a los eventos. Pero siempre hay algún momento en el que cae en la tentación con otra, pobre mío, porque es fácil de seducir.

Otro caso es el de la novia de mi amiga, que se hizo inseparable de otra chica por la época en la que mi amiga abrió su negocio, al que tuvo que dedicarle muchas horas para intentar que prosperara. Hasta que un día su novia le dijo que se había terminado y a las dos semanas se dejó ver acaramelada con su inseparable.

Y es que, claro, ¿a quién se le ocurre ocuparse de un negocio y descuidar la relación? ¿Qué diríamos si unos padres dejan solos a sus hijos adolescentes para ocuparse de sus trabajos? Estos fueron los cuernos de la rebeldía ante el abandono. Si quieres tener pareja, te ocupas de ella. Punto. Y, si no, cuernos.

¡Arriba los cuernos revolucionarios!

¡Arriba los/as antisistema de cama! ¡Los/as que se oponen al yugo de la monogamia!

¡Arriba quienes se ponen del lado rebelde y fuerzan a abrir la pareja porque no pueden dejar de tirarse a otros/as!

¡Arriba quienes ven los cuerpos como algo que consumir! ¡Ellos sí que son libres sin ataduras sentimentales!

¿Estáis conmigo? Si no lo estáis, ¿es porque os indigna esto de que que los cuernos se consideren rebeldía? Bueno, podría ser peor. Podría ser que se llegue a considerar punk votar a la ultraderecha.