Estoy bastante cansada de que la gente me diga cuanto se me van de las manos las celebraciones de los cumples de mis hijos. Disfruto mucho con los preparativos, comprando decoración temática, planificando los juegos, hinchando globos y juntando a la familia, amigos y los amigos de mis hijos.

Respeto muchísimo a quien decide pagar un parque de bolas, quien decide no hacer nada o quien sopla una vela después de comer sin más. Pero a mí me encanta planificar con ellos la temática del siguiente cumpleaños, buscar cosas increíbles como globos gigantes, velas que no se apagan por mucho que soples y rellenos de piñata divertidos con los que jugar con sus amigos durante la fiesta y los días siguientes.

Y mientras os cuento cuanto respeto las opciones de las demás familias, recibo un mensaje de una tía, una suegra, una amiga o una mamá del cole que sienten la necesidad imperiosa de recordarme que no es necesario todo eso, que los niños (según ellas) no aprecian nada de eso, que no recordarán todo eso nunca y mi esfuerzo caerá en saco roto (como si lo hiciese esperando algo a cambio), que en realidad lo hago más por mí y por quedar bien con las otras familias que por ellos… No entiendo a qué vienen todas esas críticas si no estoy molestando a nadie.

Y ahora no hago ni la mitad de las cosas que hacía antes, cuando ellos eran menos, mis ayudantes eran más y mi presupuesto y tiempo de antelación para los preparativos eran más del triple de lo que son ahora. Antes hacía un montón de cosas a mano, dibujos, carteles, programaba listas de reproducción de música, hacía bizcochos y montaba mesas dulces con cartelitos en cada bol donde ponía toda la información necesaria con dibujos sobre el tema de la fiesta.

Ahora tengo mucho menos tiempo y paciencia como para ponerme a colorear, recortar, plastificar, etc. Ahora compro un par de kits y abuso mucho del inflador de globos eléctrico. Lo que tengo claro es que mis hijitos y sus amigas se lo pasan genial y nosotros con ellos.

Aprovechamos la quedada para socializar con las familias con las que estamos a gusto. En muchas ocasiones los niños están ya agotados y nosotros seguimos de palique con los padres de uno u otro compañero de cole o vecino.

Son días en que todos disfrutamos mucho y que merecen totalmente el esfuerzo y el estrés de las horas antes de la fiesta. Pero siempre, cada año, en cada fiesta aparece alguna de esas vocecillas que recalca bien lo exagerada que es esa fiesta, lo que me mato para algo que no durará más de una tarde y lo poco agradecidos que son mis hijos.

No sé qué pretenden que hagan, ¿que lloren de la emoción? ¿Que den un discurso de agradecimiento? Son niños, simplemente gritan “UUUAAAALAAAA” y se tiran entre los globos como si fuera una piscina. Con eso es más que suficiente.

Así que no, no se me va de las manos, la organizo exactamente como me da la gana.

Luna Purple.